Comienzo el relato de este segundo viaje a Japón que tantas cosas fascinantes y recuerdos únicos me ha aportado. Si el anterior fue un viaje de descubrimiento en bruto, de primer contacto, éste será, además -pues nunca termina el descubrimiento-, un viaje de profundización y de extensión.

Visitaremos varias zonas que no tuvimos ocasión de descubrir la vez anterior, y también las mismas zonas con un nuevo enfoque y mayor dedicación. En general, creo que este viaje ha sido -y no sólo por la compañía, aunque también y especialmente por ello- mucho más completo que el anterior, especialmente por el aprovechamiento del tiempo, la planificación de algunas comidas y la posibilidad de encontrarme con amigos muy queridos de allí y su infinita hospitalidad.

Así pues, nuestro avión sale la madrugada del viernes 30 al sábado 31 de marzo de 2012, a las 6.00 h. El vuelo es con la compañía Alitalia y, el trayecto, Madrid - Roma - Tokyo. Llegaremos allí a las 6.40 h de la mañana del domingo 1 de abril, hora local de Tokyo.

Pero antes de eso, hay muchas horas por delante...

 Equipaje listo para el viaje.

La tarde del viernes la dedicamos a ultimar algunos detalles. Por ejemplo, copiamos toda la planificación en .pdf a mi smartphone, además de llevar una copia impresa en A4 (en la foto, sobre la maleta azul) y otra en A5, por lo que pudiera pasar, así como la selección personal de música que hicimos para el viaje y algunas cosas más para el avión.

También nos sirve para reservar una plaza en un aparcamiento de larga estancia cerca de Barajas. El precio no está mal: 60 € por 10 días en aparcamiento vigilado y con transporte hasta y desde -a la vuelta- el aeropuerto. Es la opción más cómoda y conveniente, y funciona sin problemas, mucho mejor que los malabarismos alternativos de combinar transportes públicos y sus horarios, arrastrando las maletas.

Terminal T2 de Barajas (Madrid).

En torno a las dos de la madrugada llegamos a la T2 de Barajas, en lo que supone mi primera vez allí. La terminal está prácticamente desierta, con algunas personas en el suelo tratando de aprovechar las columnas o las paredes para dormir un poco.

Pasamos el tiempo viendo algún capítulo de The Big Bang Theory mientras abren los puestos de facturación, aprovechando los enchufes que hay en las columnas.

 Terminal T2 de Barajas (Madrid), a las 2.00 h de la madrugada, prácticamente desierta.

 Terminal T2 de Barajas (Madrid), a las 2.00 h de la madrugada, prácticamente desierta.

El llegar tan temprano tendrá una cómoda consecuencia: gracias a ello, obtendremos los mejores asientos de la clase turista en el vuelo Roma - Tokyo, sin nadie delante y con muchísimo más espacio para las piernas, permitiendo incluso estirarlas por completo, o que salga la persona sentada en ventanilla sin que se mueva la persona sentada en pasillo. Desde luego, algo muy importante en un viaje de tantas horas.

 Nuestro equipaje, junto a la planificación encuadernada, en un carrito aeropotuario en la Terminal T2 de Barajas (Madrid).

Una vez facturadas las maletas, llegamos a la puerta de embarque, iniciando la cola. Aprovechamos para leer algunos de los datos históricos y artísticos que Mai ha recopilado en una guía adjunta a la planificación acerca de los lugares que vamos a visitar.

En este momento, descubrimos uno de los peores giros de todo el viaje (el peor, en realidad). El Japan Rail Pass (y, con él, las entradas para el Museo Ghibli) no está donde debería. El sobrecito que lo contiene, y que ya estuvo muy cerca de quedar olvidado antes, yace en una maleta que no viene con nosotros, pero que me tenía que acompañar hasta el viernes. Dicha maleta se encuentra a una hora y media de nuestra localización actual, y ya solamente faltan 25 minutos para embarcar. Ese momento en el que comienzan a abrirse múltiples caminos en tu mente a la vez, desde los más inmediatos a los más inverosímiles, y los vas analizando, desarrollando y, en los casos necesarios, desechando, es totalmente comparable a una explosión de adrenalina e inquietud.

Entre las mejores opciones está despertar a una persona que se encuentra cerca de la maleta y pedirle que nos envíe por correo, antes de que salga el avión para poder descargarlo en el móvil, una fotografía de los documentos. Así lo hace (gracias, Lorena), a pocos minutos de que salga el avión (lo descargamos ya embarcados y todo).

Más adelante, en las entradas correspondientes, hablaré de ello con detalle, sin embargo, la conclusión es clara: tras visitar varias oficinas JR, contactar con la central en Japón y con nuestro distribuidor en España, no hay manera posible de obtener el JRP en Japón, aunque lo hayas comprado previamente, sin los resguardos originales físicos. La única opción es enviarlos por correo, pero dada la duración del viaje y lo que tarda el envío, no merece la pena. No obstante, afortunadamente, no hay problema en devolverlo al regresar a España, recuperando el 90% de su coste.

Por otro lado, como detallaré en la entrada correspondiente, pudimos utilizar sin problema las entradas para el Museo Ghibli gracias a María de JTB y a la impresora a color de nuestro ryokan en Kyoto, el Matsubaya Ryokan.

Así pues, lo que podría haber sido un terrible contratiempo queda bastante suavizado y, a pesar de que gastamos más dinero en transporte, aprendemos mucho de la situación y queda solventada de la mejor manera posible. Desde luego, no vamos a dejar que nos estropee el viaje lo más mínimo, aunque sí se llevará un par de horas de una mañana en intentos de recuperarlo.

Vista nocturna de Madrid desde el avión hacia Roma.

Vista nocturna de Madrid desde el avión hacia Roma.

El vuelo hasta Roma es relativamente corto. Nos sirven bebidas y nos proporcionan algunas bolsas de galletas saladas.

 Zumo de tomate y galletas de Alitalia en el vuelo Madrid - Roma.

Llegada al aeropuerto de Fiumicino - Leonardo Da Vinci, en Roma.

Aprovechamos el tiempo entre vuelo y vuelo para comer algo, pues el hambre se hace cada vez más patente. En este caso, paramos en un restaurante que anuncia sushi en sus carteles pero que no tiene absolutamente nada relacionado. Optamos por un sandwich de tomate natural, mozzarella y albahaca fresca.

 El desayuno en el aeropuerto de Roma: tomate natural, mozzarella y albahaca fresca.

El desayuno en el aeropuerto de Roma: tomate natural, mozzarella y albahaca fresca.

Dentro del aeropuerto de Roma, Fiumicino - Leonardo Da Vinci.

Preparando los aviones.

 Nuestro vuelo, en la puerta de embarque.

  Puerta de embarque, en el aeropuerto de Roma.

Al subir al avión en Roma con destino a Tokyo descubrimos con alegría los mencionados asientos y su amplitud. Gracias a ello el viaje resulta mucho más ameno, a pesar de la ausencia de enchufes para utilizar el teléfono móvil como reproductor de vídeo durante tantas horas. No obstante, sí que disfrutamos de nuestra selección de música, con un adaptador para dos pares de auriculares.

Los dos primeros asientos de la clase turista en el vuelo Roma - Tokyo, con mucho más espacio delante para las piernas.

El avión cuenta con pantallas individuales en las cuales se puede disfrutar de diferentes películas, música, guías de viaje y algunos videojuegos sencillos. Sirven frecuentemente bebidas (zumos y agua) y, en ocasiones, bolsitas de galletas saladas. Si en un momento determinado tienes sed, puedes dirigirte a la parte a la parte trasera del avión y servirte tú mismo.

Saliendo de Roma, a casi 10.000 kilómetros de Tokyo, con 12 horas de viaje por delante.

Con respecto a las comidas, si en el viaje anterior (en 2010, con Virgin Atlantic) nos sirvieron 2 comidas, en este caso tenemos una comida -a elegir entre japonesa o italiana- y un desayuno -sin elección-, a lo que hay que sumar el picoteo de galletas y las bebidas (esto último común en ambos casos). La comida, sin ser ninguna maravilla, no estaba mal para ser comida de avión.


 Bolsita de galletas para picar en el avión, por cortesía de Alitalia, con una historia en el envase.

Menú japonés a bordo.

Viendo Cars 2 en la pantalla individual del avión.

 Desayuno a bordo.

El viaje es muy largo y las cabezadas que damos apenas cubren una pequeña parte del trayecto. Aun así, es el comienzo de una gran aventura y la ilusión crece por momentos con todo lo que está por venir.

 Alcanzando el amanecer en el avión, ya cerca de Tokyo.

  Nos acercamos al archipiélago.

El mapa nos muestra el día y la noche, de la que acabamos de salir. 453 kilómetros hasta el aeropuerto de Narita.

 Información sobre Osaka en la pantalla del avión.

Imagen del castillo de Osaka en la pantalla del avión.

Alcanzando el amanecer en el avión, ya cerca de Tokyo.

Llegamos a la capital del país nipón, con todo lo planificado durante meses por vivir. Multitud de carteles e inscripciones nos dan la bienvenida.

 Carteles de bienvenida a Japón que capturan el espíritu constante y firme ante la adversidad de su sociedad: "Japan, rising again".

Carteles de bienvenida a Japón.

Aunque pueda parecer que el día ha terminado, es ahora cuando empieza. Son las 6.40 h del 1 de abril y aquí comenzará la próxima entrada del blog. Un largo y bien aprovechado domingo que estiraremos para visitar algunas de las zonas más frecuentadas y luminosas de Tokyo: Harajuku, Shinjuku, Ikebukuro y Shibuya, incluyendo, entre otras muchas cosas, un inesperado mercado en Ueno, una tienda de Evangelion y una bandeja de sushi en Shinjuku para merendar.