Es domingo, 1 de abril, y acabamos de llegar a Tokyo. Son las 6.40 h de la mañana. Más allá del jet lag, que afortunadamente no nos supondrá un problema, y de tener todo el día por delante sin haber descansado apropiadamente en varias decenas de horas, eso tiene otras consecuencias que, afortunadamente, hemos previsto durante la planificación de nuestro viaje.

Si vamos directamente al hotel, no podremos acceder a nuestra habitación todavía por ser demasiado temprano. Guardarán amablemente nuestras maletas, sí, mas eso no nos libra de la necesidad de una buena ducha para afrontar plenamente el día después de más de 20 horas de viaje.

Así pues, aunque durante la planificación habíamos estado barajando otras posibilidades, al final optamos por utilizar las duchas del aeropuerto de Narita. Al principio la idea no nos gustaba demasiado, pero tras visitar su web y obtener la información se reveló como una estupenda opción.

Tras una paseo por la terminal del aeropuerto en busca de las duchas, subimos a la planta correspondiente. El lugar es muy limpio y acogedor, y una mujer muy amable que habla algo de español nos recibe con una sonrisa. El precio por la ducha es de 1000 ¥, e incluye media hora en la habitación, champú y gel así como una bolsa con diferentes artículos de higiene como cepillo y pasta de dientes, peine y agua.

Sala de ducha del aeropuerto de Narita, en Tokyo.

Sala de ducha del aeropuerto de Narita, en Tokyo.

La habitación es amplia, con silla para bebés, toallas, zapatillas, el habitáculo de la ducha cuya luz se enciende automáticamente... El encendido y apagado de la ducha se controla completamente mediante botones (y no grifos), teniendo un regulador analógico para la temperatura.

Sala de ducha del aeropuerto de Narita, en Tokyo.

Sala de ducha del aeropuerto de Narita, en Tokyo.

 Sala de ducha del aeropuerto de Narita, en Tokyo.

 Sala de ducha del aeropuerto de Narita, en Tokyo.

 Paquete de agua y herramientas de higiene en la ducha del aeropuerto de Narita, en Tokyo.

 Controles de la sala de ducha del aeropuerto de Narita, en Tokyo.

Al salir hay una sala con espejos y secadores que se puede utilizar para completar el aseo. Finalmente, una sala de espera adornada con típicos gatos de origami. Como me ve hacerles fotos, me ofrece llevarme alguno, pero están tan completos así...

 Gatos de origami en las duchas del aeropuerto de Narita, en Tokyo.

Tras visitar la oficina de JR tratando de solucionar el problema con el Japan Rail Pass (la chica nos informa de que la fotografía o copia impresa no vale, y que nos pongamos en contacto con la oficina que nos lo ha vendido, en España, para que informen a JR Japón de que realmente lo hemos comprado), nos disponemos a coger el tren hacia Tokyo. Hay dos opciones básicamente, una más cara y rápida y otra significativamente más barata y lenta. La primera está incluida en el JRP pero, como todavía no lo tenemos, optamos por la segunda que, además, nos llevara hasta Ueno, donde se encuentra nuestro hotel.

La hora de salida nos viene perfecta. Sólo faltan unos minutos para que salga el tren, pero son los suficientes para llegar hasta él cómodamente. Al sentarnos, notamos el agradable calor que desprenden los asientos (bastante cómodos, además). Salimos hacia Tokyo.

Cartel en el tren de Narita a Tokyo. Si le causa dolor a "Súper Panda", imaginaos...

 Cartel en el tren de Narita a Tokyo. Los huevos nos indican cuántas personas caben en cada asiento.

Al llegar a Ueno nos dirigimos al hotel en primer lugar para poder dejar las maletas y salir para todo el día. Está muy cerca de la estación, pero esto no evita que por el camino nos crucemos con lo que parece ser un enorme mercado que abarca varias calles con tiendas de todo tipo. Después volveremos. Ahora lo más importante es dejar las maletas y desayunar, pues el hambre nos invade desde hace rato y la boca se nos hace agua mientras pasamos por más y más tiendas de comida. Japonesa, claro.

Mercado en las calles de Ueno, Tokyo.

El hecho de haber invertido algo de tiempo en el tema del JRP, además de la ducha y de las circunstancias, hacen que al llegar al hotel nos informen de que nuestra habitación está lista. Aunque si hubiéramos venido sin ducharnos no lo habría estado. Son aproximadamente las 11.30 h.

El hotel donde nos alojamos es el Tokyo Ueno Touganeya Hotel, con un precio asequible, una ubicación excelente y un trato más que destacable. Nos ayudaron a imprimir copias del JRP (aunque uno de ellos no sabía muy bien inglés y no entendía a qué nos referíamos con si tenían impresora a color) y nos guardaron las maletas cuando nos fuimos varios días a Kyoto y Hiroshima (después volvíamos a Tokyo, al mismo hotel), así como un queso que llevamos de regalo y necesitaba estar en frío porque se pinchó el envase al vacío.

Es difícil encontrar un límite a la hospitalidad y disposición de los japoneses.

La habitación también es muy acogedora, con nuestros yukata para dormir, y el baño incluye gel, champú y acondicionador Shiseido, que por lo visto allí no es especialmente caro, pero sí tiene mucha calidad.

 Habitación en el Tokyo Ueno Touganeya Hotel, en Tokyo.

 Parte del baño de la habitación en el Tokyo Ueno Touganeya Hotel, en Tokyo.

La taza del baño incluye un brazo con botones para controlar las diferentes funciones. En alguno de los que utilicé, quedé fascinado cuando la tapa se levantaba sola al acercarme, además de las ya conocidas opciones de tabla calefactada, chorrito de agua para limpiarte o tirar automáticamente de la cadena al sentarte o levantarte. Una cosa muy práctica en este sentido la encontraremos por la tarde.

Antes de seguir adelante, y como curiosidad, mencionar que al lado de la televisión podemos encontrar varios planfletos -cuidadosamente ordenados- con japonesas en actitud (e indumentaria) seductora y sus respectivos contactos.

No vamos mal de tiempo con respecto a la planificación, así que vamos a desayunar por los alrededores y a visitar parte del mercado.

Ueno, Tokyo.

 Detalle en las baldosas de Ueno.

 Bol de fideos con unos palillos flotantes que los levantan y vuelven a depositar constantemente en Ueno.

Decidimos entrar en uno de los restaurantes de la zona que tiene máquinas a la entrada para comprar los tickets de lo que quieres tomar. Es un sistema rápido, por lo que pronto podremos saciar nuestro voraz apetito.

Primer y delicioso desayuno del viaje, en Ueno.

Primer y delicioso desayuno del viaje, en Ueno.

Si os fijáis en el segundo bol, tiene un falso fondo debajo para filtrar el agua y que no se mezcle con la comida.

Al terminar, nos dirigimos al mercado. Lo primero que encontramos al girar la esquina es una churrería. Hasta pone "churosu" en katakana. También tienen pizza.

Churrería - pizzería en Ueno.

Taito Station en Ueno.

Juego de taiko en un Taito Station en Ueno.

Mercado en Ueno.

Mercado en Ueno.

Taito Station en Ueno.

Mercado en Ueno.

Después de un breve paseo, nos dirigimos al metro -previa visita a la oficina JR de Ueno, nuevamente, respecto al JRP- para viajar hasta nuestro primer destino planificado de hoy: Harajuku. Toda la zona que toca hoy está bastante lejos de Ueno, así que llegamos allí algo después de la una. Y, lo primero, ¡Takeshita Dori!

Takeshita Dori en Harajuku, Tokyo.

Takeshita Dori.

Takeshita Dori es una calle de tiendas muy popular, como podemos ver en la fotografía, llena de comercios de ropa y merchandising, aunque no únicamente. Nada más entrar encontramos la famosa Daiso Harajuku, una de las tiendas más grandes de la cadena Daiso, con 4 plantas, que vende montones de artículos a 100 ¥ -y más-, algunos de ellos de mucha más calidad -y utilidad- que lo que podríamos encontrar aquí en un "Todo a cien". Compramos algunas golosinas y regalos.

Tienda Daiso en Harajuku, una de las más grandes de la cadena.

Artículos de la tienda Daiso Harajuku: gomas de borrar con forma de animalitos y con olores de fruta.

Tienda Daiso en Harajuku, una de las más grandes de la cadena.

Artículos de la tienda Daiso Harajuku: ricas golosinas parecidas a las nubes. Compramos unas con sabor a té verde.

Artículos de la tienda Daiso Harajuku: glucosa pura.

Takeshita Dori.

Takeshita Dori.

Las tiendas de ropa tienen artículos impresionantes, así como muy caros. Es destacable la cantidad de merchandising de la saga Super Mario Bros que hay por todas partes: desde los personajes principales (Mario, Yoshi...) a los secundarios (balas, peces, fantasmas, plantas piraña...), pasando por objetos y elementos de la saga como bloques moneda o tuberías.

Sin previo aviso, al girar en una calle, nos encontramos con una tienda de Evangelion con 2 plantas.

Tienda de Evangelion cerca de Takeshita Dori.

Tienda de Evangelion cerca de Takeshita Dori.

Llama la atención la cantidad de artículos de todo tipo que hay del anime: desde cuadros, camisetas y bolsas hasta cajas de bombones y figuras. Lo más sorprendente: una Rei Ayanami a tamaño real.

Rei Ayanami en la tienda de Evangelion cerca de Takeshita Dori.

Tienda de Evangelion cerca de Takeshita Dori.

Tienda de Evangelion cerca de Takeshita Dori.

Tienda de Evangelion cerca de Takeshita Dori.

Tienda de Evangelion cerca de Takeshita Dori.

Tienda de Evangelion cerca de Takeshita Dori.

Salimos de la tienda y callejeando nos dirigimos al parque Yoyogi, que es nuestro próximo destino y está al lado. Aunque, en realidad, se podría decir que el parque está muy cerca y muy lejos, tal es su extensión: algo más de 54 hectáreas.

Takeshita Dori.

Alrededores de Takeshita Dori.

Alrededores de Takeshita Dori.

Saliendo de Takeshita Dori.

Harajuku, y en especial los alrededores de Takeshita Dori y la entrada al parque Yoyogi, son lugar de reunión de cosplayers, rocakbilly y otros colectivos que disfrutan, especialmente los domingos, mostrando sus peculiares caracterizaciones estéticas. En el anterior viaje visitamos esta zona demasiado tarde, pero ahora tendremos ocasión de encontrarnos con algunas buenas muestras. Especialmente sorprendente la de los perros vestidos de sirvienta (meido, o maid).

Harajuku.

Harajuku.

Perros vestidos de sirvienta en Harajuku.

Harajuku.

Algo antes de las tres llegamos a una de las entradas del colosal parque Yoyogi. Un torii gigante nos recibe, marcando el paso al espacio sagrado. Dentro, aunque a unos minutos caminando, se encuentra el santuario sintoísta Meiji jingu.

Torii a la entrada del parque Yoyogi, en Harajuku.

Torii a la entrada del parque Yoyogi, en Harajuku.

Entrada del parque Yoyogi.

Parque Yoyogi.

El paseo por el parque es largo, pero ni las horas sin dormir ni la falta de descanso nos impiden realizarlo y disfrutarlo. Visitamos los jardines del santuario, para después dirigirnos a él.

Jardines en el parque Yoyogi.

Jardines en el parque Yoyogi.

Jardines en el parque Yoyogi.

Jardines en el parque Yoyogi.

Jardines en el parque Yoyogi.

Jardines en el parque Yoyogi.

Jardines en el parque Yoyogi.

Jardines en el parque Yoyogi.

Jardines en el parque Yoyogi.

El pozo Kiyomasa-ido perteneció al Señor Kiyomasa Kato durante el periodo Edo. Este pozo es el nacimiento de Nan-Chi (el lago del sur) y el agua pura mana con un flujo constante durante todo el año. Este pozo es famoso por la ingeniosa manera de hundirse y la superioridad de la calidad del agua. (Traducción del cartel que lo acompaña, que también indica "no beber").

Pozo Kiyomasa-ido en el parque Yoyogi.

El señor que estaba allí cuidando el pozo nos mostró una fotografía en su teléfono móvil que hizo otro año en pleno florecimiento de los cerezos, y se podían apreciar bellamente reflejados en la superficie límpida del agua.

Flujo de agua desde el pozo Kiyomasa-ido en el parque Yoyogi.

El santuario Meiji es algo que merece mucho la pena visitar en Tokyo. Con menos de un siglo de antigüedad, está dedicado a los espíritus del Emperador Meiji y su esposa, la Emperatriz Shōken, divinizados.

Parte del santuario Meiji, en el parque Yoyogi.

Parte del santuario Meiji.

Parte del santuario Meiji.

Se compone de varias construcciones con un enorme árbol central alrededor del cual se acumulan ema, tabletas de madera que recogen, en gran cantidad de idiomas, los deseos de muchas personas.

Árbol del santuario Meiji.

Árbol del santuario Meiji con las tablas de petición de deseos.

Instrucciones para pedir tus deseos e introducirlos en un sobre, junto con el donativo. Esta modalidad es diferente a la de las tablas.

Explicación de las ema y el proceso de pedir por tus deseos o rezos en la ceremonia de cada mañana.


Interior de una de las construcciones del santuario Meiji con un gran taiko a la derecha.

Por la belleza del lugar y lo simbólico del trasfondo, el santuario es el lugar elegido por muchas personas para celebrar uniones matrimoniales.

Preparando a la novia.

Preparando a la novia.

Continuamos con nuestro paseo por el parque, derrotando al agotamiento. Una cosa que nos acompañará durante casi todo el viaje es el leve retraso del florecimiento de los cerezos. Su esplendor estaba previsto exactamente para los días de nuestro viaje, pero un clima ligeramente más frío de los esperado hizo que se retrasara unos días, de manera que únicamente pudimos disfrutarlo en su plenitud el último día de nuestro viaje, y en algunas ocasiones puntuales el resto de los días.

Flores de cerezo, sakura, justo antes de llegar a su esplendor.

El museo de tesoros del parque Yoyogi no está en la planificación. Además, cuando pasamos por delante de él ya se encuentra cerrado (acaban de pasar las 16.30 h).

Museo de tesoros en el parque Yoyogi.

Detalle del estanque del parque Yoyogi.

Parque Yoyogi.

Volver al mismo lugar en un momento diferente siempre es una experiencia nueva y llena de cosas que aportarte. No sólo por lo diferente del lugar y la época del año, sino también porque ambos habéis cambiado y os volvéis a encontrar. En ese momento las diferencias son claras y plenas, sin nada que las oculte. Esto ocurre en la siguiente fotografía, cuya versión florecida pude capturar en el anterior viaje en la misma época, y que pongo a continuación de la misma.

Parque Yoyogi (2012).

Parque Yoyogi (2010).

Salimos del parque por un lugar diferente al de entrada, disfrutando de algunas zonas del parque totalmente desiertas y silenciosas, con sólo algún graznido distante surcándolo.

Parque Yoyogi.

Parque Yoyogi.

Parque Yoyogi.

Bambú en el parque Yoyogi.

Torii a la salida del parque Yoyogi.

Torii a la salida del parque Yoyogi.

Nuestro siguiente destino es Shinjuku. En el camino hacia el metro encontramos algunas curiosidades, entre ellas un pequeño centro de entrenamiento para montar a caballo.

Cuidado con los cuervos que, además de ser enormes, por lo visto están hambrientos.

Pequeño recinto con caballos.

Pequeño recinto con caballos.

Caballos de madera para los niños en el pequeño recinto con caballos.

Uno de los clásicos semáforos japoneses de color aoi (que actualmente significa "azul"). En la foto no se aprecia todo lo bien que podría, pero hay quien los ve más azules que verdes (como es mi caso) y viceversa. Lo cierto es que, tradicionalmente, aoi hacía referencia a todo ello, no había un término para verde y otro para azul. Así pues, un semáforo aoi.


Dado que llegamos a Shinjuku algo después de las cinco, el museo de espadas ya está cerrado; y dado que todavía nos quedan después Ikebukuro y Shibuya, para distribuir el tiempo de la mejor manera, dejaremos el parque de Shinjuku para otra ocasión. Son los sacrificios del tiempo invertido en intentar rescatar el Japan Rail Pass, aunque al día siguiente habrá alguno más.


Una de las salidas de metro de Shinjuku, en Tokyo.

Shinjuku.

Shinjuku.

Shinjuku.

A partir de este momento, y con la noche llegando gradualmente, nos encontraremos rodeados de edificios con muchas plantas, luces y pantallas, centros comerciales y amplios cruces.

Shinjuku es un barrio de rascacielos corporativos, pero también de comercios y ocio de todo tipo.

Tienda de electrónica con varias plantas en Shinjuku.

Shinjuku.

Shinjuku.

Callejeando por Shinjuku.

Nuestro primer objetivo es comer. Así que nos adentramos por una de las transitadas calles de Shinuku y elegimos uno de los restaurantes de sushi que allí se nos presentan: el Himawari Sushi.

El restaurante Himawari Sushi en Shinjuku.

El restaurante sigue la forma tradicional de sentarte alrededor del cocinero y ver los platos pasando en una cinta transportadora. Aunque también se puede pedir al gusto, y esto es lo que hacemos. Una reparadora sopa de miso con pescado y un nutrido plato de sushi para cada uno. Delante de cada puesto hay, entre otras cosas, un vaso, un botecito con té verde en polvo y un grifo del que podemos obtener agua hirviendo. La combinación es sencilla, y gratuita. Tantas veces como uno guste. El té está delicioso.



Té en polvo.

Sopa de miso.

Primer plato de sushi del viaje. Está muy rico, aunque lleva cantidades ingentes de wasabi bajo el pescado.

El baño está fuera, en una pequeña calle contigua. Incluye un peculiar sistema que llama mi atención por su sencilla practicidad. Sobre la cisterna se sitúa un grifo. Al tirar de la cadena, el agua que llenará la cisterna vacía para el siguiente uso sale de él permitiendo que la utilicemos, antes de ir a parar a ésta, para lavarnos las manos, ahorrando así una cantidad de agua más que considerable día tras día. Todo un ingenio al servicio de lo práctico.

Retrete con grifo sobre la cisterna para reutilizar el agua tras lavarse las manos.

Con el estómago lleno y las energías repuestas -dentro de lo posible a estas alturas- seguimos nuestra visita a Shinjuku. Se ha hecho definitivamente de noche mientras comíamos.


Callejeando por Shinjuku, ya de noche.


Muy cerca del restaurante exploramos una tienda-bazar con dos plantas repleta de todo tipo de objetos. Tanto que encontramos placenta (purasenta)... ¿Será placenta de verdad? Por lo que dice, parece que su finalidad es nutritiva... ¿Se ingiere? ¿Se aplica?


Placenta.

Curiosa estatua en un escaparate.


Taito Station y otros recreativos, conciertos callejeros, grandes carteles publicitarios, luces y barajas de Studio Ghibli aparecen por doquier.


Recreativos Battle Arena.


Recreativos Battle Arena.


Paseando por la noche en Shinjuku.

Paseando por la noche en Shinjuku.

Paseando por la noche en Shinjuku.

Paseando por la noche en Shinjuku.

Paseando por la noche en Shinjuku: barajas de museo Ghibli (Mi Vecino Totoro, Ponyo, La Princesa Mononoke...). Están en una máquina de ganchos y no se pueden comprar, aunque otro día, en nuestra visita a Akihabara, encontraremos algunas de ellas a la venta.

Estación JR de Shinjuku.

En el metro hacia Ikebukuro nos encontramos con un cartel de El Fantasma de la Ópera.

Fotografía nocturna tomada desde el metro en el viaje desde Shinjuku a Ikebukuro.

Simpático cartel en el metro de Tokyo.

La visita a Ikebukuro mantiene unos parámetros similares, aunque con su propia personalidad, y con mayor brevedad que la de Shinjuku. Es un barrio con mucho comercio y ocio, tiendas de manga y anime y muy frecuentado por jóvenes de diversa índole. También encontramos alguna meido en la calle repartiendo folletos.

Ikebukuro.

Ikebukuro.

Callejeando por Ikebukuro.

Hello Kitty Gift Gate en Ikebukuro. El color de fondo del cartel cambiaba de color constante y gradualmente.

Recreativos y Cinema Sunshine en Ikebukuro.

JTB en Ikebukuro.

Ikebukuro.

Nos dirigimos a Sunshine City, un complejo localizado al este de Ikebukuro. Hay varios restaurantes y heladerías, aunque no es el lugar rebosante de dulces que teníamos en mente.

Entrada a Sunshine City en Ikebukuro.

Sunshine City en Ikebukuro.

Sunshine City en Ikebukuro.

Tras el breve paseo, nos disponemos a terminar el día en el barrio de Shibuya, famoso por su impresionante cruce, el más transitado del mundo, por el que pasan cada día millones de personas, y cuyo suelo, dicho sea de paso, está impoluto, sin haber ni una papelera en sus alrededores.

El famoso cruce de Shibuya.

El famoso cruce de Shibuya.

El Shibuya 109 es una de las primeras cosas que se ve, junto con enormes pantallas publicitarias y un montón de calles y pasos de cebra. Y gente. Muchísima gente. Se agolpan preparándose para cruzar en cuanto llegue el momento, y el cruce se inunda casi al instante cuando el semáforo indica a los peatones que pueden pasar. Una y otra vez. Las oleadas no terminan.

Shibuya.

Antes de adentrarnos, nos acercamos a la estatua de Hachiko, que está al lado. La historia de Hachiko es bastante conocida: el perro leal que esperó a su amo incansablemente en la parada de metro por la que siempre regresaba de trabajar, a pesar de que había muerto y ya nunca volvería. Pronto descubrimos que no es el mejor momento para disfrutar o fotografiar la estatua, ya que unos individuos con máscaras de caballo y carteles están situados junto a ella y no tienen intención de marcharse. Volveremos al final de la noche, esperando que ya no estén, para la foto de rigor.

Hachiko y Ultraman nos ofrecen una conexión de ultra wifi 4G a 76 Mbps.

Entrada de la Basketball Street en Shibuya.

Una constante a lo largo de todo el día es la cantidad de japonesas que nos encontramos en todas partes con auténtico atuendo de colegiala o falda corta y calcetines o calzas. En la mayoría de los casos con una buena parte de las piernas al aire, incluso por la noche, cuando ya hacía un frío considerable para ser primavera. Nosotros, con chaqueta y bufanda.

Shibuya.

Shibuya.

Shibuya.

Nuestro recorrido incluye la búsqueda de un adaptador para poder conectar nuestros aparatos electrónicos en los enchufes japoneses. Hemos traído una regleta, así que con uno será suficiente para cargar los móviles y todo lo que sea necesario cada día. La cámara de fotos no, ya que es japonesa.

Tienda de electrónica de varias plantas en Shibuya.

Son las nueve de la noche cuando decidimos que es un buen momento para pensar en el descanso. El lugar que habíamos anotado como posible opción para la cena está demasiado lejos para llevar todo el día andando y demasiadas horas sin descansar como es debido, así que decidimos que lo mejor es coger comida e irnos al hotel.

Antes de ello, pasamos por una cafetería y nos tomamos tranquilamente una leche de sakura (“sakura latte”) haciendo un repaso del día.

Sakura latte en Shibuya.

De camino a la estación de metro, pasamos por la estatua de Hachiko para comprobar que ya no están allí los hombres-caballo, así que nos hacemos unas fotos y partimos de vuelta al hotel. Recordemos que Ueno está bastante lejos de esta zona, así que llegamos allí en torno a las once de la noche.

Estatua de Hachiko.

Estatua de Hachiko bajo un cerezo empezando a florecer.

Diseño en un muro en memoria de Hachiko.

Estación de Shibuya con huellas de perro que nos guían hacia los diferentes destinos.

Estación de Shibuya con huellas de perro que nos guían hacia los diferentes destinos.

Mañana salimos hacia Kyoto. Teníamos planificado salir del hotel a las seis y cuarto de la mañana, pero retrasaremos la salida para poder hablar con la oficina de JR en un intento más por obtener nuestro Japan Rail Pass y poder utilizarlo ya para ir a Kyoto.

Aunque la planificación de los dos primeros días se resintió por este hecho y hubo que eliminar de la planificación algunas de las opciones más prescindibles, lo cierto es que el resto del viaje se cumplió sin problemas, y en ocasiones hubo lugar para la ampliación.

Comments (6)

On 8 de septiembre de 2012, 20:46 , NecroLord dijo...

Sin palabras. Que chulo todo, sí, TODO. Disfruta mucho de tu viaje. Suerte.

 
On 8 de septiembre de 2012, 20:58 , Jesús Díez García dijo...

¡Muchas gracias! Fue un viaje maravilloso.

Espero que estés muy bien, que hace muchísimo que no nos vemos.

Un abrazo.

 
On 8 de noviembre de 2012, 15:15 , Akihabara Princess dijo...

Wow, que interesante, no tenia ni idea de lo de las duchas en el aeropuerto de Narita! me hubiese venido genial la primera vez que fuí a Japón XD
Ahora ya lo sé :)

 
On 8 de noviembre de 2012, 16:43 , Jesús Díez García dijo...

¡La verdad es que son muy prácticas! Y además tan limpias y completas...

Me alegro de que te sirva la información =)

¡Un saludo!

 
On 24 de enero de 2013, 11:56 , carlosbravo dijo...

Hola de nuevo Jesus...¿que tal esta el Sakura latte?

Un abrazo.

 
On 24 de enero de 2013, 12:34 , Jesús Díez García dijo...

Hola, Carlos,

A mí me gustó. Tenía un sabor suave y con el frío que hacía nos vino de maravilla para recuperar fuerzas.

Un abrazo.