La salida del hotel está prevista para las 6.15 h, con la intención de coger el tren hasta el aeropuerto de Narita a las 7.30 h y llegar allí algo más de una hora después. Para evitar posibles contratiempos, compramos el billetes varias días antes, nada más llegar al aeropuerto por primera vez.

Es difícil volver. Después de haber vivido una aventura tan fascinante, de haber recorrido innumerables lugares de ensueño y de haber descubierto unas gentes llenas de civismo y con el respeto por delante.

Aeropuerto de Narita, Tokyo.

Al llegar al aeropuerto, nos dirigimos a uno de los mostradores de información. La chica que nos atiende, además de ser tremendamente amable, habla muy bien inglés. Nos ayuda mucho con sus aclaraciones y el trato es excelente. Insisto en ello porque provocará una anécdota posteriormente.

Aeropuerto de Narita, Tokyo.

Aeropuerto de Narita, Tokyo.

Como hemos llegado con tiempo suficiente, en cierto modo a propósito, nos vamos a dar una vuelta por las tiendas de aeropuerto. El objetivo es comprobar si hay alguna cosa interesante, sobre todo en el ámbito de la ropa y los dulces. No sin antes, por supuesto, devolver el teléfono que alquilamos el día de nuestra llegada.

Hay una considerable cantidad y variedad de tiendas y me compro dos camisetas bastante peculiares y difíciles de encontrar fuera de Japón. Entonces comienza la búsqueda de dulces.

Camiseta comprada en el aeropuerto de Narita, Tokyo.

Camiseta comprada en el aeropuerto de Narita, Tokyo.

La idea es comprar una buena cantidad para regalar a familiares y amigos. No tengo que esperar mucho para encontrar los maravillosos dulces de leche, chocolate y plátano que me ofrece una japonesa para probar. Nada más probarlos me conquista su sabor, así que hago una pequeña reflexión mental -con la finalidad de calcular cuántas cajas quiero regalar- y me dispongo a hacerme con ellas: 7 cajas de los mencionados dulces.

La cosa es que me sigue inundando un sentimiento de agradecimiento hacia la chica que tanto nos ha ayudado en el mostrador y, a pesar de ser consciente de lo difícil que iba a ser que lo aceptara, me dispongo a buscarla para regalarle una de las cajas. Pero... Al volver al mostrador, ella ya no está allí. Pregunto, dando una descripción física -ya que no sé su nombre- y me indican que está en un mostrador de la planta baja (que sería para nosotros la -1). Actualmente me encuentro en la planta 5. Así que me dirijo allí. Cuando llego abajo, efectivamente, allí se encuentra. Me acerco educadamente y le explico que ha sido muy amable con nosotros y que como agradecimiento me gustaría entregarle un regalo. Ella agacha la cabeza avergonzada y lo rechaza. Varias veces. Hasta que, después de mucho, mucho insistir, lo acepta dándome las gracias repetidamente.

El caso es que, después, cuando pasamos por el control de equipaje de mano del aeropuerto, nos la encontramos allí, sentada delante de una pantalla comprobando los equipajes que pasaban por la cinta. En pocas horas que estuvo allí la vimos en 3 lugares diferentes haciendo 3 trabajos distintos. Sólo espero que no la echasen del trabajo por ello y que no se hiciera el seppuku al llegar a casa por remordimientos de haber aceptado una compensación extra por hacer lo que es su obligación hacer.

Aeropuerto de Narita, Tokyo.


Antes de abandonar definitivamente el aeropuerto, para poder pasar por el control de equipajes, me acerco a unos vigilantes de seguridad que están por allí, como me ha indicado la tendera de los bombones, y les solicito la pegatina de equipaje también para la bolsa de ahora 6 cajas de bombones. Uno de ellos me mira y bromea con un "¡Oh! ¿Para mí?", a lo que respondo diciéndole de buena gana que si quiere una no hay problema. Entonces se ríe más explícitamente e, indicando que era broma, me pone la pegatina correspondiente en la bolsa. Subo al avión con 3 equipajes de mano etiquetados: el bolso, la mochila y la bolsa de bombones.

Aeropuerto de Narita, Tokyo. Yo también lo espero.


Subimos al avión. El viaje de vuelta trascurre sin apenas inconvenientes, excepto por una pesadilla tremendamente real en la que notaba cómo el avión caía en picado sin solución. Como digo: aterradoramente real. El alivio al despertar es inmenso. Cambiamos de avión en Londres, donde tampoco hay ninguna pega con los diferentes equipajes, y de ahí a Madrid, donde tomaremos un autobús que nos llevará de vuelta a nuestro hogar en Albacete.

Aeropuerto de Barajas, Madrid.


Una experiencia inolvidable que concluyo con muchas ganas de poder repetirla nuevamente, tantas veces como me sea posible. Lleno de melancolía y de recuerdos hermosos es cuando decido iniciar este blog para compartirlo con todo aquel interesada y para dejar constancia de los fantásticos momentos y maravillosos pasajes y sensaciones vividos.

Es el final del viaje, pero no del blog, pues ya hay otro viaje preparado para la próxima primavera así como varias entradas planificadas para ir ampliando hasta entonces temas relacionados con la planificación de viajes, la cultura y el idioma de Japón.

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