Con la melancolía que supone, nos despertamos el último día de visita de nuestro viaje a Japón. Es domingo, y nuestro vuelo de vuelta a España sale al día siguiente.

Hoy nos toca hacer un recorrido superficial por varias zonas de Tokyo que todavía no hemos visitado. Además, tenemos programada la visita al Museo Ghibli, en Mitaka.

Uno de los puentes del río Sumida a su paso por Asakusa, con la torre de cerveza Asahi a la derecha.

Son algo más de las 7 y media de la mañana cuando salimos del hotel. Para aprovechar el tiempo, y puesto que el museo no abre hasta las 10, pasaremos previamente por el parque Yoyogi, situado muy cerca de Shibuya y de Harajuku, y que nos pilla más o menos de paso.

Estación JR de Yoyogi.

Estación JR de Yoyogi.

Sakura de camino a Yoyogi.

Vías de tren de camino a Yoyogi.

Entre el desayuno y el viaje, llegamos a la estación más de una hora después, y al parque en torno a las 9.15 h.

Yoyogi es uno de los parques más grandes de Tokyo, cubriendo un área de 700.000 metros cuadrados con más de 100.000 árboles de 365 especies diferentes. En la vasta inmensidad de su interior se encuentra el santuario sintoísta Meiji.

Cuando llegamos a la entrada del parque podemos ver un torii, como es habitual en la entrada de los santuarios sintoístas, que tradicionalmente marca el paso del espacio profano al sagrado.

Entrada al parque Yoyogi.

Torii en la entrada al parque Yoyogi.

Paseando por el parque Yoyogi.

Paseando por el parque Yoyogi.

Museo de Tesoros del parque Yoyogi.

Museo de Tesoros del parque Yoyogi.

La extensa inmensidad del parque Yoyogi.

La extensa inmensidad del parque Yoyogi.

Lago en el parque Yoyogi.

Lago en el parque Yoyogi.

Lago en el parque Yoyogi.

Lago en el parque Yoyogi.

Cruzando un puente nos encontramos con la preciosa estampa de un cerezo en mitad de la vegetación y su reflejo en el agua.

Sakura en el parque Yoyogi.

Sakura en el parque Yoyogi.

Y es que por todas partes nos encontramos con los bellos colores de la primavera adornados con pinceladas del blanco rosado de los cerezos.

Puente en el parque Yoyogi.

Tortuga en el parque Yoyogi.

Puente y sakura en el parque Yoyogi.

Paseando por el parque Yoyogi.

Paseando por el parque Yoyogi: mapa.

Paseando por el parque Yoyogi.

Paseando por el parque Yoyogi: al fondo, el santuario Meiji.

Tras un buen rato de paseo, llegamos al santuario dedicado al emperador Meiji y su esposa. La entrada al mismo es gratuita y nos permite disfrutar de un estupendo ejemplo de arquitectura sintoísta.

El santuario Meiji en el parque Yoyogi.

El santuario Meiji en el parque Yoyogi.

En una parte del santuario nos encontramos con tabletas escritas en diferentes idiomas y con diversas caligrafías pidiendo deseos de paz, salud, amor y felicidad, entre otros. Unos pequeños sobres nos permiten realizar nuestra propia petición, cosa que no dudo en llevar a cabo.

El santuario Meiji en el parque Yoyogi.

Aunque apenas hemos visto la mitad del parque, se acerca la hora de partir hacia el Museo Ghibli, por lo que nos dirigimos hacia la salida más cercana.

Paseando por el parque Yoyogi.

Paseando por el parque Yoyogi.

Al salir del parque, después de alrededor de una hora de paseo por él, vemos como la gente empieza a venir de forma masiva. Es domingo, y los domingos en Yoyogi, especialmente durante el hanami, se congrega mucha gente para hacer pícnic, cosplay, actuar, interpretar música, etc.

Cogeremos el tren en la estación JR de Harajuku. La finalidad es llegar a la línea Chūō, que nos llevará hasta Mitaka.

La estación JR de Harajuku y gente dirigiéndose a Yoyogi.

Gente dirigiéndose a Yoyogi.


Simpático cartel en el metro de Tokyo.


Simpático cartel en el metro de Tokyo (me encantan estos bichos, tengo que hacer una entrada dedicada a los tanuki).


Vestíbulo del metro.


Vestíbulo del metro.

El viaje hasta Mitaka nos llevará en torno a una hora. Al llegar, encontramos el lugar inundado, como no podía ser de otra forma, de alusiones a personajes de Ghibli, desde carteles de Ponyo por la calle hasta algún que otro Totoro en la estación y un gatobús en el escaparate de una tienda cualquiera. Tendremos que andar un poco desde la estación para llegar hasta el museo.

Ponyo en Mitaka.


Mitaka.

El centro de información turística de Mitaka con un Totoro sentado en una hamaca.

Las calles de Mitaka, repletas de sakuras.

Las calles de Mitaka, repletas de sakuras.

Las calles de Mitaka, repletas de sakuras.

Mitaka.

Las calles de Mitaka.

Gatobús en un escaparate de Mitaka.

Las calles de Mitaka: una señal de Totoro.

Las calles de Mitaka.

Las calles de Mitaka, una señal de Totoro nos indica el camino al Museo Ghibli.

¡Estamos a sólo 300 metros!

Las calles de Mitaka.

El último tramo antes de llegar al museo forma parte de un pequeño parque. Cuando al fin alcanzamos nuestro objetivo, nos encontramos con un gran Totoro en un escaparate.

Museo Ghibli, Mitaka.

Museo Ghibli, Mitaka.

Totoro en el Museo Ghibli, Mitaka.

Museo Ghibli, Mitaka.

Duendes del polvo en el Museo Ghibli, Mitaka.

Museo Ghibli, Mitaka.

El Museo Ghibli fue inaugurado en 2001. Está formado por varias salas, algunas estancias exteriores y una tienda llamada "Mamma Aiuto!".

Las entradas no se pueden comprar en el propio museo, por lo que hay que comprarlas previamente. En España las podéis comprar en Jaltour, donde, como ya comentamos, también podéis conseguir el Japan Rail Pass. Si estáis en otro país, podéis consultar la lista de puntos de venta oficiales aquí. También se pueden comprar en Japón a través de la cadena de tiendas Lawson.

El precio de cada entrada es de 1000 ¥ (de 18 años hacia abajo son más baratas, hasta llegar a los 100 ¥ para niños de 4 a 6 años). Ahora mismo, 1000 ¥ son algo menos de 10 €, pero esta cantidad puede variar según la cotización de la moneda y la comisión que se quede el distribuidor local.

Museo Ghibli, Mitaka.

Museo Ghibli, Mitaka.

Una vez dentro del museo, con la entrada nos regalan la asistencia a la proyección de un nuevo corto de animación de Estudio Ghibli. En una de las salas del museo, encontramos una curiosa animación tridimensional hecha con figuras. Gracias a la velocidad de giro de las mismas y a la intermitencia de la luz dentro de la vitrina, el efecto conseguido es bastante loable y real.

Algo que me llama especialmente la atención fue un vídeo muy breve que aparece en una de las pequeñas pantallas de esa misma sala. El vídeo muestra toda la evolución de un ser desde los primeros momentos de vida en la Tierra. Dicho ser va desarrollándose, creciendo y evolucionando, mientras escapa de depredadores y peligros diversos, hasta convertirse en un niño. Entonces, sube una pequeña colina y le regala una flor a una niña que está en lo alto. Todo expresado con mucha ternura y delicadeza. Pregunté el nombre con intención de buscarlo a la vuelta, pero me informaron de que no tenía.

Después de visitar la tienda (con artículos muy interesantes y particulares) y de ver todo lo que el interior tiene que ofrecernos, nos dirigimos a la parte exterior, subiendo hasta la zona más alta, donde nos encontramos con el guardián de la isla Laputa en la película de animación Laputa, Castillo en el Cielo, a un tamaño verdaderamente impresionante.

Museo Ghibli, Mitaka: guardián de la isla Laputa.

Museo Ghibli, Mitaka: guardián de la isla Laputa.

Un sendero que sale de la parte de arriba del museo.

Museo Ghibli, Mitaka.

Museo Ghibli, Mitaka.

Museo Ghibli, Mitaka.

Museo Ghibli, Mitaka.

Museo Ghibli, Mitaka.

Cualquiera que disfrute con los trabajos de Hayao Miyazaki o de Estudio Ghibli encontrará la visita de lo más interesante. Es algo muy recomendable, si bien debemos tener en cuenta que se va un buen rato en el viaje, aproximadamente (según donde nos encontremos de Tokyo) una hora para ir, otra para volver y entre 15 y 30 minutos para llegar desde la estación al museo. En total, unas dos horas y media o tres de viaje.

Autobús amarillo en Mitaka, a la salida del Museo Ghibli, que recuerda al gatobús.

A la vuelta del museo pasamos nuevamente cerca de Yoyogi para dirigirnos a Shibuya. Por el camino, nos encontramos con un señor muy particular, repartiendo paquetes de pañuelos con publicidad de algo (no nos dio ninguno) y con una gorra del Atlético de Madrid. A mí padre le habría hecho gracia. Le pregunto al japonés en cuestión si le puedo hacer una foto y accede, con un gesto absolutamente neutral, vacío e inexpresivo (que no se aprecia por haber difuminado la cara).

Japonés en Tokyo con una gorra del Atlético de Madrid.

Aunque parezca mentira, todavía quedan algunos cosplayers por la zona, a pesar de ser bastante tarde ya, en torno a las 16.30 h.

Cosplay.

Cosplay.

Entramos al metro y me encuentro con un cartel que decido fotografiar en honor a los tiempos del primer StarCraft y el mítico "no rush".

Columna en el metro de Tokyo.

Columna en el metro de Tokyo.


Shibuya es un barrio comercial de Tokyo donde abundan, entre otras, las tiendas de ropa y moda, como el conocido Shibuya 109, un centro comercial de 8 plantas exclusivamente de ropa femenina (en las inmediaciones tenemos otro similar, de la misma cadena, para hombre). Es un centro neurálgico de ocio y entretenimiento así como de últimas tendencias en moda y complementos.

Shibuya, Tokyo.

Shibuya, Tokyo.


El cruce de Shibuya (Scramble Kousaten) es verdaderamente impresionante. Se dice que es el más transitado del mundo. Por sus múltiples pasos de peatones pasan cada día millones de personas. Eso sí, como podéis comprobar en las imágenes, el suelo está impoluto, sin un papel ni un desperdicio.


En la siguiente secuencia de imágenes podemos contemplar el aspecto del cruce desde que la gente está aguardando en el semáforo hasta que al fin pueden pasar.

Cruce de Shibuya, Tokyo: la gente espera su momento para cruzar.

Cruce de Shibuya, Tokyo: se abre el semáforo.

Cruce de Shibuya, Tokyo: la gente invade el cruce.

Cruce de Shibuya, Tokyo: la calzada completamente inundada de traseúntes.

En las inmediaciones se encuentra la estatua de Hachikō, el conocido perro que mostró una gran lealtad a su amo, esperándolo a la salida del metro cuándo éste volvía. En día, su dueño no regresó: falleció mientras impartía una clase. Pero eso no impidió que el fiel animal permaneciese allí -meses, años- aguardando el deseado reencuentro. Esta perseverancia le otorgó el apodo de "el perro fiel" y la mencionada estatua conmemorativa.

Para comenzar nuestra visita a Shibuya, tras entretenernos un poco en el cruce, vamos a dar un paseo por la zona. Durante el mismo, entramos a algunas tiendas de electrónica y también de ropa. Hay todo tipo de cosas, algunas de ellas tremendamente estrafalarias. Por lo general, los precios son bastante altos. En una de las tiendas encuentro unos pantalones preciosos. A pesar del precio, estoy dispuesto a llevármelos, pero no tienen mi talla; el resto de modelos, después de haber visto ése, se hacen demasiado sosos. También vemos algunas camisas, pero no nos terminan de convencer.

Shibuya, Tokyo.

Shibuya 109.

El final del día nos lleva Shinjuku. En primer lugar, damos una vuelta por el lugar visitando alguna tienda de electrónica para pronto dirigirnos a cenar. Conforme hemos pasado por las calles del lugar nos han ofrecido folletos de varios restaurantes de diversa índole. Llegado el momento, optamos por uno que está escaleras abajo desde una esquina.

Por las calles de Shinjuku: Zara.

Por las calles de Shinjuku.

Por las calles de Shinjuku.

Por las calles de Shinjuku.

Por las calles de Shinjuku.

El sitio es amplio y cuando nos sentamos en la mesa descubrimos que nadie vendrá a tomar nota de nuestro pedido: hay una pantalla táctil a través de la cual hemos de seleccionar qué es lo que deseamos tomar. Afortunadamente, incluye imágenes de los platos, por lo que el todavía escaso conocimiento del idioma no supone demasiado obstáculo. Pedimos algo de sushi y también okonomiyaki, tras descubrir con sorpresa que está disponible.

El sitio no es caro, pero tampoco excepcionalmente delicioso. El okonomiyaki no tiene nada que ver con el que comimos en Hiroshima y, a su lado, parece casi insípido. Tras la cena, seguimos nuestro paseo por Shinjuku. Llegado el momento paramos en una tienda de sombreros para hacernos con uno.

Por las calles de Shinjuku.

Por las calles de Shinjuku.

Por las calles de Shinjuku.

Por las calles de Shinjuku.

Por las calles de Shinjuku.

Finalizaremos nuestra visita en Kabukichō, el barrio rojo más importante de Japón. En él no sólo hay una inmensa cantidad de locales dirigidos al entretenimiento de adultos (más de 5.000) o al entretenimiento en general, sino que también podemos encontrar las oficinas del gobierno de Shinjuku y hasta un templo. Cabe decir que nuestra visita es meramente turística y con la finalidad de curiosear la zona. No obstante, llama la atención el lugar teniendo en cuenta que Japón es un país donde la prostitución está prohibida, aunque exista de todas las maneras imaginables de forma encubierta.

Torii en Kabukicho.

Templo y cerezos en Kabukicho.

Templo en Kabukicho.

Templo en Kabukicho.

Torii en Kabukicho.

Uno podría pensar que el ambiente del lugar es un poco inquietante o degenerado, pero nada más lejos. Es de suponer que habrá zonas y zonas, pero nosotros percibimos una normalidad bastante grande: desde parejas hasta niños con sus abuelos. Comprobamos que abundan los establecimientos reservados a miembros, habitualmente envueltos en un halo de misterio, así como los dirigidos a satisfacer las fantasías de los adultos. Efectivamente, muchos de ellos tienen fotos de las chicas en la entrada para captar la atención del viandante.

Tras un paseo, hacemos una visita a unos inesperados recreativos, donde pasamos un buen rato. Estos solamente cuentan con dos plantas, pero hay una gran variedad de máquinas recreativas, incluyendo Street Fighter. Quizás echamos de menos algún juego de aventuras o plataformas.

Una de las entradas a Kabukicho.

Finalmente, después una calmada visita sin incidentes, mientras nos dirigimos a la salida de Kabukicho, uno de mis compañeros señala el cartel rosa de uno de los establecimientos. En él pone algo relacionado con la mayoría de edad. Un japonés que estaba al lado del mismo -y, por lo visto, al tanto- se percata de este hecho y se dirige a mi compañero. Mientras seguimos andando, éste le indica con gestos que no entiende japonés, a lo que el hombre insiste con un "japanese pussy", señalando el local del cartel. La parte más hilarante llega después, tras transmitirle, entre risas contenidas, que tampoco entiende inglés, cuando el hombre se planta en mitad de la calle haciendo un exagerado gesto con los brazos y caderas que simula claramente el movimiento amatorio. Después abandona su cometido, pero el momento resulta realmente desternillante por inesperado y exagerado (mas en ningún momento peligroso o invasivo, más allá del breve seguimiento).

Shinjuku.

Terminamos así este día y regresamos al hotel para pasar nuestra última noche en este fascinante país. Al día siguiente toca levantarse temprano y viajar al aeropuerto para coger el avión de vuelta, con toda la intención de volver a Japón lo antes posible. También allí habrá alguna anécdota que contar, pero eso será en la siguiente entrada.

Comments (1)

On 2 de noviembre de 2011, 19:42 , Aldorock dijo...

Como puede ser tan bonito y melancólico...