Nos levantamos temprano para salir de Hiroshima en dirección a Tokyo. Para ello, cogeremos el shinkansen a las 7.15 h en Hiroshima y haremos trasbordo en Shin-Osaka, llegando finalmente a Tokyo a las 12.10 h. Un viaje de casi 5 horas, que no está nada mal para la enorme distancia que separa ambas ciudades.

A pesar del madrugón, este largo viaje se llevará gran parte de este día, por lo que prácticamente sólo dispondremos de la tarde para disfrutar de Tokyo, que estará dedicada a Akihabara, y de la noche, dedicada a cenar en el restaurante Ninja de Akasaka y a visitar el barrio de Roppongi.

Paisaje desde el shinkansen. Se puede apreciar la humedad en el cristal.

Paisaje desde el shinkansen. Se puede apreciar la humedad en el cristal.

El viaje en shinkansen siempre es ameno. A bordo encontramos maquinas expendedoras donde podemos comprar diferentes tipos de bebidas. Aprovechamos para dormitar un poco en el trayecto, hacer algunas fotos y repasar la planificación del día.

Paisaje desde el shinkansen. Una construcción muy peculiar para estar en Japón.

Paisaje desde el shinkansen.

Paisaje desde el shinkansen.

Llegamos a Shin-Osaka a las 8.54 h para coger el siguiente shinkansen hacia Tokyo a las 9.13 h. Al igual que el anterior, se trara de un shinkansen hikari.

Estación de Shin-Osaka.

Paisaje desde el shinkansen.

Pero el viaje no termina al bajar del shinkansen en Tokyo; ahora tenemos que coger el metro hasta la estación de Asakusa y volver al hotel donde hace varios días pasamos nuestra primera noche en Japón. Allí nos esperan nuestras maletas, que gustosamente nos han guardado durante estos días de viaje fuera de Tokyo. Una vez ocupadas nuestras nuevas habitaciones, salimos hacia Akihabara para comer allí. Además, hemos quedado con una paisana española, Yunita, que está en la ciudad con una beca.

Akihabara está a muy pocas paradas de metro de nuestra actual ubicación, Asakusa, así que no tardamos mucho en llegar.

Mapa de las salidas de metro en la estación de Akihabara.

Llegando a Akihabara.

Akihabara es también conocida como la ciudad eléctrica. A los japoneses les gusta mucho acortar las palabras, por lo que a menudo se refieren a este lugar como Akiba, como se puede apreciar en algunas de las imágenes.

Es una zona comercial muy potente dentro de Tokyo, orientada especialmente a electrónica, tecnología, robótica, anime, manga, videojuegos... El lugar está plagado de tiendas por todas partes. Puedes encontrar gran cantidad de callejones que parecen no tener nada pero que, en realidad, están repletos de tiendas de diversa índole.

Tras encontrarnos con Yunita (lo cual supuso toda una aventura al no conseguir aclarar en qué salida habíamos quedado), lo primero (no sin hacer un importante acopio de voluntad) fue ir a comer. Tomamos rápidamente arroz con ternera en un bol y nos dispusimos a invertir nuestro tiempo (y dinero) de la mejor manera posible.

Akihabara.

Akihabara.

Akihabara.

No se puede ver Akihabara a fondo en una tarde, ni en un día. De hecho, en las alrededor de 5 horas que estuvimos allí, la sensación es que apenas nos dio tiempo a ver unas pocas tiendas. Y es que la mayoría de ellas eran inmensas y contaban con varias plantas.

Akihabara nos da la bienvenida.

Así, recorrimos las calles con creciente curiosidad. Vimos (aunque no entramos en ninguno) los famosos Meido Cafe, unas cafeterías o restaurantes temáticos donde las camareras vas vestidas con habitualmente provocativos trajes de sirvientas. Había montones de ellos, y por la calle podías encontrar chicas caracterizadas repartiendo folletos de cada local en cuestión. Uno de mis compañeros intentó hacerle una foto a una de ellas y ésta se tapó y pidió que no lo hiciera. Me imagino que, fuera de contexto, alguien que viera esa foto podría pensar lo que no es de la chica.

Entramos en algunas tiendas de manga y anime con libros, figuras, pósters, robots... Muchas de ellas tenían una sección que empezaba tras una cortina con material erótico y hentai. En algunas había una sección de artículos de segunda mano, que en realidad estaban como nuevos y a precios realmente baratos. También visitamos algunas tiendas de videojuegos en las que se podían encontrar verdaderas joyas inesperadas (tanto en lo referente a consolas como a videojuegos) entre más figuras y peluches de la misma temática.

Algunas adquisiciones. Rei Ayanami (Evangelion) con la lanza de Longinos.

Algunas adquisiciones. De izquierda a derecha: Rei, Misato y Asuka (Evangelion).

Una visita obligada es el Yodobashi Camera: el centro comercial de electrónica más grande del mundo, con 13 plantas (7 de ellas dedicadas exclusivamente a la electrónica). Cada una de ellas está dedicada a una categoría de productos (cámaras, ordenadores...) y, presentando el pasaporte, puedes realizar compras libres de impuestos. En su interior no está permitido hacer fotografías, pero aquí tenéis la imponente vista exterior ya anocheciendo.

Yodobashi Camera, el centro comercial de electrónica más grande del mundo.

En él pasamos una buena parte de la tarde viendo todo tipo de artículos: ordenadores, cámaras, objetivos, puzzles de fantasía, peluches de Pokémon... Conociendo su afición por ellos, no puedo dejar de comprar un encantador peluche de Chikorita para regalárselo a Yunita antes de despedirnos, como agradecimiento por habernos acompañado por Akihabara a lo largo de la tarde.

A pesar de que dedicamos bastante tiempo a estar allí, sólo es suficiente para ver muy pequeña parte de este centro comercial.

Mi interés se decanta especialmente por ver la sección de cámaras de fotos, ya que fui a Japón con intención de renovar la mía. Tras estar mirando las disponibles, para mi sorpresa, los modelos y precios no distan mucho de los de aquí. Ya casi tengo decidido que no merece la pena cuando descubroel nuevo lanzamiento de Canon en cuanto a compactas: la Canon Powershot SX210 IS (14.1 megapíxeles, zoom óptico 14x). El precio es bastante alto pero adecuado a sus características, por no hablar de que es un modelo inexistente en España en ese momento (que llegaría, si no me equivoco, hacia finales de año). Así que, finalmente, me decido a hacerme con ella. Le compro otra batería adicional y también una funda bastante maja. La verdad es que hasta el día de hoy estoy encantadísimo con ella. Podréis ver los resultados en el último día de este viaje, que es cuando empecé a utilizarla. La mejora de calidad es inmensa, y me convertí definitivamente al formato panorámico.

Mi nueva cámara, la Canon Powershot SX210 IS, en color morado.

Nos despedimos de Yunita, no sin antes darle su peluche de Chikorita, y nos vamos de Akihabara. Nos quedan muchísimas tiendas y rincones por recorrer, pero tenemos mesa reservada en el restaurante Ninja de Akasaka a las 20.00 h, así que habrá que volver en otra ocasión para profundizar más. Ya no nos da tiempo a voler al hotel a dejar las bolsas con las compras, así que nos vamos directamente a Akasaka, que está bastante cerca de Roppongi.

La entrada del Yodobashi Camera en Akihabara (Tokyo).

Al llegar a Akasaka y tras no mucho buscar encontramos el restaurante (aun así, llegamos 10 minutos después de la hora reservada). Nada más entrar, nos encontramos rodeados de un ambiente oscuro y misterioso, y un ninja nos guía hasta una entrada (más allá de la sala de recibimiento) donde otro ninja nos cuenta una historia (en japonés o en inglés) acerca de un poblado ninja oculto al cual sólo lo más hábiles podrán acceder. Tras ello, aparece un nuevo ninja que nos guía por pasillos, pasadizos e incluso puentes levadizos (que se activan a su señal), con sonido de cascadas de fondo y un ambiente mucho más allá de maravillosamente conseguido.

Después de recorrer todo el trayecto, llegamos al poblado ninja/restaurante, donde la ambientación sobresaliente se mantiene a la perfección. Incluso en los baños, donde podemos identificar la puerta del lavabo de las mujeres con un shuriken con el clásico agujero en el centro mientras que en la puerta del lavabo de los hombres nos encontramos un shuriken sin este agujero y con un saliente en su lugar. Me resultó curioso y original cuando me lo encontré sin esperarlo.

Nos sientan en una mesa algo elevada y en mitad de la sala (si se puede llamar así, porque en realidad son muchos departamentos y pasillos), por lo que durante el trayecto nos da tiempo a ver buena parte del local. Hay bastante gente y la decoración sigue estando a la altura con creces. La iluminación es muy tenue. Hasta los palillos son negros para mantener la línea del resto de elementos.

En ese momento, aparece una ninja que se presenta y nos informa de que va a ser nuestra camarera. Hace un pequeño truco con una explosión de humo y nos entrega las cartas, que no son otra cosa que pergaminos ninja negros. A lo largo de la cena nos preguntará hábil y disimuladamente de dónde somos, para tenerlo en cuenta en la sorpresa final.

Nos disponemos a explorar los diferentes menús y a elegir. Es sitio es bastante caro, pero sin duda merece la pena por la experiencia y la deliciosa comida.

De beber pedí un zumo de tomate y, para empezar, una bebida con supuestas propiedades rejuvenecedoras llamada "Monariza".

Zumo de tomate y "Monariza" en el Ninja Akasaka (Tokyo).

Pastelito para ir abriendo el apetito. Lo que lleva encima son virutas de oro.

Los menús eran más bien "circuitos". Es decir, no todos incluían únicamente comida. Por ejemplo, el que pidió uno de mis compañeros incluía un truco de magia, para el cual vino un ninja a la mesa. Tras realizar el truco de manera bastante vistosa, le dejó la carta protagonista como regalo. También le trajeron algún tipo de planta que prepararon delante de él introduciendo piedras calientes para cocinarla, así como shuriken de galleta.

Mi "circuito" incluía, además de lo anterior: tempura, una extraña ensalada (por llamarlo de alguna manera), vasitos con verduras, sushi variado, delicioso bistec en rodajas (para poder cogerlo con los palillos) y un postre.

Un compañero sujetando uno de sus shuriken de galleta.

La peculiar "ensalada".

El bistec en rodajas. Estaba delicioso.

A decir verdad, la comida estaba riquísima. La ambientación es excelente y la atención también impecable. Es una cena memorable y muy especial. Como digo, es bastante caro, pero lo recomiendo encarecidamente si quieres disfrutar de una ambientación muy conseguida y diferente a la vez que de una buena comida o cena. En mi opinión, la experiencia y el recuerdo lo merecen. Mi intención es volver por allí la próxima vez que visite la capital japonesa.

Postre en el Ninja Akasaka (Tokyo).

Cuando terminamos y nos traen la cuenta son las 22.13 h. Pagamos y nuestra camarera ninja nos acompaña a la salida muy amable y afablemente. Una vez en la calle, cuando ya nos estamos alejando, oímos un ruido tras nosotros y al volvernos nos la encontramos con un gran cartel desplegado desde un pergamino despidiéndonos en nuestro idioma natal (de ahí la pregunta previa que nos hizo durante la cena). Todo un detalle que ayuda a que te vayas con una sonrisa y muchas ganas de volver.

Nuestra camarera ninja nos despide de manera original en español.

Si os interesa ir al restaurante, tenéis más información y un mapa de la ubicación en su página web. No sé cómo suele estar de lleno, pero os recomiendo reservar, por si acaso.

Akasaka está bastante cerca de Roppongi. Mis compañeros están cansados y prefieren volver al hotel, pero yo quiero ver Roppongi, una zona peculiar y diferente de Tokyo, y comprobar por mí mismo lo que había leído. Por desgracia, la cámara de fotos se había quedado sin pilas, por lo que no pude hacer fotos del lugar.

Afortunadamente, llegué al lugar en un momento bastante apropiado para mis intereses. Eran en torno a las 23.00 h, muy tarde para Tokyo, con lo cual casi toda la parte de "fiesta" fuerte había pasado, pero todavía quedaba, digamos, el "esqueleto" del lugar.

En Roppongi hay una zona de discotecas plagada de extranjeros. Parece ser que a este lugar van los extranjeros que quieren ligar con japonesas y las japonesas que quieren ligar con extranjeros. Mi interés, no obstante, es meramente turístico.

Había leído que las calles estaban llenas de afroamericanos de 1.90 m dándote la lata. Y así es. Algunas calles están plagadas de ellos, y a cada pocos pasos se acerca alguno tratando de convencerte para que entres en su local, ya que así serás el mejor y conseguirás lo que quieras. Me llama especialmente la atención una japonesa que pasa por allí, con la cabeza agachada y el paso acelerado, ignorando a cualquiera que se acerca a ella sin más. Sin gestos de "no me interesa" o de "perdona pero déjame tranquila". No, ignorándolos.

Aun así, y yendo solo, he de decir que en ningún momento me siento amenazado o en peligro. Además, en pleno corazón de la zona de fiestas hay una koban, una de esas pequeñas comisarías de policía japonesas esparcidas abundantemente por todos los barrios. Aprovecho para preguntarles por un par de sitios y me los indican clara, gustosa y amablemente. En la esquina adyacente a dicha comisaría, un par de chicas japonesas esperan. Tienen toda la pinta de ser prostitutas y esto queda confirmado cuando un hombre se acerca e intenta hacerle una oferta a una de ellas. Parece que no llegan a un acuerdo y el hombre se va.

Tras dar un pequeño paseo por la zona, también cerca de la koban me encuentro con probablemente lo más sorprendente que vi allí: una tienda de mascotas, abierta. Está abierta, siendo en torno a las once y media de la noche, siendo una tienda de mascotas y complementos y artículos para las mismas. Así que me dispongo a entrar y echo un vistazo dentro. Puede parecer que no tiene sentido o que jamás podría haber ahí nada interesante (aunque no me parecería más extraño que el hecho de que la tienda esté abierta), sin embargo, encuentro algo que no dudo en traerme a casa: un sonriente cangrejo de peluche. Me parece verdaderamente entrañable y, en cierto modo, como una gotita de inocencia brillando allí en mitad de una zona como es Roppongi en la noche de un viernes. Así que se viene a casa por 600 ¥.

Sonriente cangrejo de peluche comprado en una tienda de mascotas a las 23.30 h en Roppongi (Tokyo).

Mi curiosidad está satisfecha por hoy, así que es hora de volver al hotel. Lo malo es que el metro ya está cerrado, por lo que para volver tengo que pedir un taxi. Desde Roppongi hasta Asakusa hay una distancia bastante grande, demasiado para volver andando después de todo el día y queriendo descansar para disfrutar el siguiente. En Tokyo es muy difícil que pasen 5 ó 10 segundos sin haber visto uno o varios taxis.

Antes de ello, no obstante, aprovecho que estoy ahí para dar un paseo. Caminando solo por Tokyo en plena noche de un viernes, sin prácticamente nadie por la calle, los rascacielos al fondo, zonas verdes de vez en cuando y un silencio y una calma abrumadores. Ninguna sensación de peligro o miedo. Todo lo contrario: una experiencia tremendamente bonita.

Finalmente paro un taxi y me lleva de vuelta al hotel. Muy majo el taxista, que hasta tuvo que poner el GPS algo más allá de la mitad del trayecto.

Hoy han faltado por ver la Torre de Tokyo y Roppongi Hills, pero era necesario para disfrutar tranquilamente de la cena en el restaurante Ninja. En otro viaje será.

Afortunadamente, todavía nos quedan 2 días más en la capital de Japón para disfrutar de sus múltiples maravillas. El siguiente, Ueno y Odaiba, y el último, Shinjuku, Harajuku, Shibuya y también Mitaka para ver el Museo Ghibli.

Finalmente, añadir que en breve publicaré una entrada explicativa sobre algunos detalles técnicos y también sobre el futuro del blog, puesto que no va a finalizar tras terminar de contar este viaje, sino que seguirá adelante.

またね!

24 de agosto de 2011

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