El día 1 de abril emprendemos el camino hacia Hiroshima. Es difícil dejar atrás Kyoto después del fantástico deleite que han supuesto sus templos y jardines; aun así, muchas cosas quedan por descubrir en nuestro viaje, y la más inmediata es la ciudad de Hiroshima, tristemente famosa por haber sido víctima de un bombardeo nuclear. Esta entrada incluye la visita al Museo Memorial de la Paz de Hiroshima, con fotografías y comentarios acerca de tan terrible e inhumano suceso.

Para llegar optaremos nuevamente por el tren bala (shinkansen). El nuestro tren sale a las 7.20 h, por lo que dejamos el hotel una media hora antes para ir con la calma suficiente y no perderlo. Llegará a Hiroshima 110 minutos después, a las 9.10 h. Allí, cogeremos un tranvía que nos lleve al centro de la ciudad.

Información y horarios de shinkansen en la estación de Kyoto.

Información y horarios de shinkansen en la estación de Kyoto.

Como podéis apreciar en las imágenes, hay varios tipos de shinkansen: kodama, hikari y nozomi. Estos tres tipos de tren bala se diferencian en el número de paradas que efectúan en sus trayectos y, por tanto, en el tiempo total invertido en llegar al destino, siendo kodama el que más paradas realiza (el más "lento"), seguido de hikari (intermedio) y, finalmente, nozomi (el más "rápido"). El nuestro, en este caso, es un hikari.

Información del shinkansen hacia Hiroshima en la estación de Kyoto.

Nuestro shinkansen hikari Kyoto - Hiroshima.

El viaje en shinkansen siempre resulta ameno y cómodo; un placer. El viaje en este tipo de trenes es relativamente caro (y más caro si el tipo de tren hace menos paradas) pero, en nuestro caso, al contar con el Japan Rail Pass, todos los viajes en ellos nos salen gratis durante el tiempo elegido: 7, 14 ó 21 días. Como ya mencioné en la primera entrada hablando del viaje, el JRP sólo puede adquirirse fuera de Japón, por lo que, si os interesa, deberéis comprarlo antes de ir.

Este día hay muchas cosas planeadas que al final no podrán llevarse a cabo. No pasa nada. En un viaje hay que estar preparado y concienciado para este tipo de cosas. Hay que respetar las planificaciones, pero hay ocasiones en las que es mejor disfrutar del instante plenamente y profundizar en él, y eso puede compensar dejar algo para otro momento. En este caso, fueron varias cosas las que faltaron, mas no en vano.

La idea era ver Hiroshima con una breve visita a Miyajima, una isla declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO, a la cual se puede llegar en ferry desde Hiroshima. Por ser un lugar considerado sagrado, en la isla está prohibido nacer y morir, e incluso su santuario sintoísta, Itsukushima jinja, declarado asimismo Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, está construido sobre el agua, no sobre la tierra (sagrada). En esta isla se encuentra el famoso torii "flotante", una de las vistas más conocidas de Japón, así como el templo budista Daisho-in y el monte Misen. Podemos encontrar ciervos y monos en libertad, así como un templo que contiene una llama que, según cuenta la leyenda, lleva encendida más de 1200 años; se dice que beber un té de la tetera que cuelga sobre ella cura enfermedades. Éste es uno de los lugares que no pudimos visitar, pero queda pendiente para el próximo viaje como prioridad.

Además, tengo que entregar un regalo de Megumi, mi profesora de japonés, a la mujer de su hermano, Akiko, y esto llevará, aunque todavía no lo sabemos, a otros deliciosos planes que comentaré más adelante.

Paseando por Hiroshima.

Paseando por Hiroshima.

Cualquiera podría pensar que es algo negativo que, justo cuando decides visitar la ciudad, haya una niebla considerable. Y, en principio, así sería. Pero uno puede por un momento pararse a reflexionar y considerar la situación excepcional de poder admirar la ciudad de Hiroshima entre la niebla, algo con cierto encanto y misticismo que no todo el mundo tiene la posibilidad de experimentar, y afrontar las cosas desde otro punto de vista. Eso sí, la lluvia casi constante no fue tan agradable.

Paseando por Hiroshima.

Tras bajar del tranvía nos dirigimos a Genbaku Domu, la Cúpula de la Bomba Atómica.

Genbaku Domu, la Cúpula de la Bomba Atómica.

Este edificio fue la estructura más próxima al hipocentro de la bomba atómica que quedó en pie, situándose a tan sólo 150 metros del mismo. Se ha preservado exactamente como estaba tras el bombardeo como símbolo de paz mundial y es verdaderamente impresionante contemplarlo, por todo lo que significa y transmite.

En este lugar es donde hemos quedado con Akiko, que aparece puntualmente con su niña pequeña. Le hago entrega del paquete y, muy amablemente, se ofrece a acompañarnos hasta llegar al hotel. El camino se hace peculiar y divertido ya que ella no habla nada de inglés y yo apenas puedo transmitir cosas básicas en japonés. No obstante, el lenguaje no verbal es más poderoso de lo que imaginamos, cuando la necesidad apremia. En todo momento, la ternura nos invade a través de su hija, una pequeña de 7 años verdaderamente adorable y simpática.

Cuando llegamos al hotel, habla con el dueño y, antes de despedirse, de alguna manera, nos invita a cenar. Con la clásica amabilidad japonesa, nos ofrece elegir hora. Por mi parte, sabiendo que los horarios de comida españoles son mucho más tardíos que en la mayoría de países, intento decir una hora temprana: "a las 20.00 h". Finalmente, entre gestos de "¡qué tarde!" vagamente disimulados y delicadeza protocolaria, nos pide que lo ajustemos para quedar a las 19.00 h. Este es uno de los factores que hizo que tuviéramos que dejar algunas visitas para otro viaje pero, no hay duda, mereció la pena, como veréis más adelante en esta entrada.

Además de eso, nos trajo una bolsa repleta de comida. Desde snacks con sabor a gamba hasta diferentes tipos de dulces y pasteles japoneses. Un verdadero detalle muy de agradecer. Me dio rabia haberme dejado el queso manchego en Tokyo para que lo probasen.

El lugar en el que nos alojamos, por cierto, es el Ikawa ryokan, un hotel tradicional con futones. El lugar está bien y es recomendable. La habitación no tiene mucho (ni tampoco lo necesita), pero incluye conexión a internet (hasta nos dejaron un cable RJ-45, naranja). El trato por parte del dueño fue amabilísimo, y en la entrada del hotel tenían sofás, una televisión y papel de origami para usar libremente.

Así pues, dejamos las cosas y salimos a ver Hiroshima.

Parque de la Paz de Hiroshima.

Parque de la Paz de Hiroshima.

Lo primero es el Parque de la Paz. En él se encuentra el monumento en memoria de las víctimas, así como el Museo Memorial de la Paz y la estatua en memoria de Sadako Sasaki. Pasaremos prácticamente todo lo que queda de mañana aquí, antes de comer.

El monumento en memoria de las víctimas incluye una cúpula con inscripciones y una llama tras ella. Esta llama lleva ardiendo desde 1964, y simboliza el deseo de acabar con todas las armas nucleares del planeta, siempre demasiadas y demasiado peligrosas. La llama seguirá ardiendo hasta que se produzca un desarme nuclear global y total.

En este sentido he de decir que Hiroshima es una ciudad tremendamente solidarizada con la paz. Muy lejos de cualquier atisbo de deseos de venganza, ira contenida, rechazo o acusación, lo que allí se siente y se ve por todas partes es paz. Deseos de mejorar, de no hacer daño, de darnos cuenta y de dejar las armas. De conciliar. Incluso cuando hablan de "no repetir el mal" lo hacen en primera persona, se incluyen, "nosotros", habiendo sido las víctimas.

Monumento en memoria de las víctimas.

Monumento en memoria de las víctimas.

Detalle del monumento en memoria de las víctimas.

"Monumento memorial para Hiroshima, ciudad de paz.
(Cenotafio memorial por las víctimas de la bomba-A).

Que todas las almas descansen en paz
pues no repetiremos el mal.

Este monumento representa la esperanza de que Hiroshima, devastada el 6 de agosto de 1945 por el primer bombardeo atómico del mundo, permanezca para siempre como una ciudad de paz. La cámara de piedra en el centro contiene el Registro de las Difuntas Víctimas de la Bomba-A. La inscripción al frente del panel ofrece un rezo por el pacífico reposo de las víctimas y un compromiso en nombre de toda la humanidad de nunca repetir el mal de la guerra. Expresa el espíritu de Hiroshima - soportar el dolor, trascender el odio, perseguir la armonía y la prosperidad para todos y anhelar la genuina y duradera paz mundial."

Vista de Genbaku Domu y la llama desde el Parque de la Paz.

Parque de la Paz de Hiroshima.

Parque de la Paz de Hiroshima con el Museo Memorial de la Paz al fondo.

Detalle del monumento en memoria de las víctimas.

Parque de la Paz de Hiroshima.

Tras un breve paseo por el la zona del parque más cercana al monumento, nos dirigimos al Museo Memorial de la Paz. Su horario es de 8.30 h a 18.00 h y la entrada tiene un precio simbólico de 50 ¥ (unos 45 céntimos). El contenido del museo es verdaderamente espeluznante, llegando un momento incluso en el que dejé de hacer fotos porque me encontraba profundamente sobrecogido y acongojado.

Entrada al Museo Memorial de la Paz de Hiroshima.

Entrada al Museo Memorial de la Paz de Hiroshima.

Maqueta del Parque de la Paz.

Nada más entrar, antes de ver el museo en sí, nos dirigimos a la sala de proyecciones, muy cerca de la entrada, para asistir a una de las dos proyecciones que ponen periódicamente. Trata sobre las consecuencias y el desastre del bombardeo; de lo que supone destruir una comunidad entera de personas, con sus costumbres y sus familias, la dificultad para identificar a las víctimas, los daños genéticos instantáneos y los todavía perceptibles... En este punto empiezas a ver con más claridad (más todavía) lo inhumano de este hecho, el horror, y lo mezquino, miserable, ruin, desalmado y despreciable que puede llegar a ser alguien capaz de llevar a cabo semejante atentado contra la Humanidad.

Carta de un niño evacuado a su profesor.

Reloj de muñeca detenido a la hora de la explosión, las 8.15.

El 6 de agosto de 1945, a las 8.15 h, la bomba atómica explotó a una altura de 580 metros sobre Hiroshima: murieron instatáneamente unas 70.000 personas. La onda expansiva, a unos 4.000 grados de temperatura, destruyó los edificios y carbonizó árboles en 120 km a la redonda. Tormentas de fuego con vientos de más de 60 km/h siguieron a la explosión. Sombras de personas desintegradas al instante quedaron marcadas en trozos de roca o fragmentos de construcciones. Desintegraciones parciales, incineración súbita, uñas ennegrecidas creciendo hacia dentro, enfermedades letales y desconocidas, incomunicación y ausencia de auxilio fue lo que siguió para aquellos que sobrevivieron. En 2 horas el 80% de la cuidad había desaparecido, más de 120.000 personas habían muerto y 70.000 estaban gravemente heridas. Para sorpresa y horror de los médicos, días después la gente seguía muriendo sin motivo conocido; se deshacían por dentro y se desvanecían.

Si queréis leer algún artículo completo sobre la historia, éste y éste están muy bien.

Maqueta de Hiroshima antes de la bomba.

Maqueta de Hiroshima después de la bomba.

El horror ni mucho menos acaba ahí. A lo largo de los diferentes documentos estadounidenses clasificados como "top secret" se pueden comprobar escalofriantes hechos subyacentes, así como intenciones terroríficas. Por ejemplo, que la bomba fue detonada a 580 metros de altura para conseguir un más amplio y más intenso efecto destructivo de la onda expansiva sobre la ciudad de Hiroshima.

Documentos "top secret" acerca del lanzamiento de la bomba atómica.

"Este nuevo fenómeno podría también llevar a la construcción de bombas, y es imaginable que bombas extremadamente poderosas de un nuevo tipo podrían ser construidas".

Esa carta la firmaba Albert Einstein. Se podría decir que fue él quien inició la investigación, construcción y desarrollo de la bomba atómica. Escribió una carta con sus descubrimientos sobre la energía nuclear al presidente Roossevelt, asesorándole acerca de los pasos a seguir y los posibles usos, mencionando explícita y específicamente el de la bomba. Esto lo hizo movido por el miedo a las masacres que podrían llevar a cabo los alemanes si desarrollasen esa tecnología antes. Dudo que su intención pudiera ser utilizar las bombas de manera real y mucho menos de esta forma, pero sus acciones llevaron a lo que precisamente trataba de evitar.

Documentos "top secret" acerca del lanzamiento de la bomba atómica.

"5. El punto de uso de la primera bomba fue discutido y la visión general pareció ser que su mejor punto de uso sería en la concentración de flota japonesa en el puerto de Truk.

Los japoneses fueron elegidos puesto que no serán tan aptos para tener conocimiento de ello como lo serían los alemanes."

Documentos "top secret" acerca del lanzamiento de la bomba atómica.

"Cuando una bomba esté finalmente disponible, podría, quizás, tras consideraciones maduras, ser usada contra los japoneses."

Documentos "top secret" acerca del lanzamiento de la bomba atómica.

"Estaba un poco asustado de que antes de estar listos la fuerza aérea hubiera bombardeado Japón tan a fondo que la nueva arma no tuviera un escenario suficiente para mostrar su fuerza."

Documentos "top secret" acerca del lanzamiento de la bomba atómica.

"La presente vista del comité fue que la bomba debería ser usada contra Japón tan pronto como sea posible, que será usada en una fábrica de guerra rodeada de casas de trabajadores, y que será usada sin previo aviso."

Documentos "top secret" acerca del lanzamiento de la bomba atómica.

Documentos "top secret" acerca del lanzamiento de la bomba atómica.

Documentos "top secret" acerca del lanzamiento de la bomba atómica.

Ahí se leen muchas barbaridades, como la decisión de usar la bomba en un área rodeada de casas de trabajadores, de lanzarla sin previo aviso (para que no hubiera lugar a la rendición y se quedasen sin probarla) y la alusión a que la zona no esté muy dañada previamente para poder comprobar mejor su efecto. Espeluznante.

Algunos científicos involucrados en el proyecto escribieron cartas pidiendo que no se utilizase, aunque no sirvió de nada. Dos columnas en la planta baja del museo muestran algunas de estas cartas.

Cartas de algunos científicos pidiendo que no se usase la bomba.

Horrorizado e impotente, incapaz de comprender, me dispongo a subir a la planta superior del museo, donde nos encontramos con una réplica de la cúpula Genbaku Domu tras la explosión.

Réplica de la cúpula Genbaku Domu.

La planta superior muestra muchos datos acerca de la posesión de armas nucleares por los diferentes países y la dificultad para deshacerse de ellas. Entre otros datos, esto me llamó especialmente la atención:

Aprender historia con libros de otros países.

Me sorprendió especialmente este documento dentro del museo en el que se expone que en Japón se utilizan libros de historia de otros países (por ejemplo, de China) para que se pueda percibir el verdadero daño que puede ocasionar una guerra. En el pasado, Japón llevó a cabo algunas masacres en China; de esta manera, en lugar de mostrar un punto de vista desfigurado por los intereses del bando se consigue una verdadera educación para la paz y para la empatía, para comprender los sentimientos del otro y para tratarlo con respeto y con afecto. Me pareció una fantástica idea.

Entre otras cosas, quise compartir esto con una conocida de California, en mi opinión bastante sensata y abierta de mente, y me dijo que le parecía algo muy interesante. Añadió que cuando estudió la Segunda Guerra Mundial en Estados Unidos apenas había unas líneas sobre la bomba atómica y de manera terriblemente manipulada.



Vista aérea de Hiroshima antes y después de la bomba.

En el centro del la planta superior del museo, tras recorrer unos pasillos con ventanales hacia el exterior y un libro de firmas, llegamos a una tienda con algunos objetos particulares. Tienen varios artículos con motivos relacionados con Hiroshima y con la paz, de los cuales me llamaron especialmente la atención una pequeñas toallas verdaderamente bonitas con una flor o una grulla en ellas. Me llevé varias, de diferentes colores (blanco, amarillo, azul y rojo), para hacer regalos.

Vista del Parque de la Paz desde el interior del museo, en la planta superior, con Genbaku Domu al fondo.

Vista del Parque de la Paz desde el interior del museo, en la planta superior, con Genbaku Domu al fondo.

El resto del ala del museo contiene gran cantidad de objetos donados por las víctimas. Uñas mutadas, un escalón en piedra con la sombra de alguien desintegrado por la explosión, juguetes, ropas, algún reloj, cartas...

Reloj de bolsillo detenido a la hora de la explosión, las 8.15.

Maqueta de Hiroshima destruida. La bola roja representa el lugar de detonación de la bomba.

Vista del Parque de la Paz desde el interior del museo, en la planta superior, con Genbaku Domu al fondo.

Una vez fuera del museo, todavía atónitos por lo visto, nos dirigimos hacia el otro lado del monumento para llegar hasta la estatua en memoria de Sadako Sasaki.

Vista del monumento memorial con el museo al fondo.

La historia de Sadako Sasaki es verdaderamente desoladora. Sadako fue una niña que tenía 2 años en el momento de la explosión. Su hogar se encontraba a un kilómetro y medio del hipocentro. Perdió a gran parte de su familia a causa de la explosión, pero siguió adelante y creció como una niña atlética, fuerte y buena. Le encantaba correr. Un día, 10 años después de la detonación de la bomba, mientras corría una carrera, de repente, se sintió mal y cayó al suelo. Le salieron moratones y puntos violáceos en el cuello y las piernas. Fue diagnosticada de leucemia a causa de la bomba. Ingresó en el hospital en febrero de 1955, con el diagnóstico de que le quedaba, a lo sumo, un año de vida. Tenía 12 años.

Estatua en memoria de Sadako Sasaki, que aparece en lo alto sosteniendo una grulla con sus brazos.

Unos meses después de ser ingresada, su amiga Chizuko Hamamoto fue a verla al hospital y le habló de la antigua leyenda japonesa en la que a quien haga 1000 grullas de papel le será concedido un deseo por los dioses. Allí mismo, en una cuadrado dorado de papel, hizo la primera grulla y se la regaló. Sadako quería ponerse bien y correr de nuevo, así que empezó a hacer grullas con toda su ilusión y su fe.

Poco tiempo después conoció a otro niño hospitalizado por el mismo motivo e intentó animarle a que hiciese lo mismo, pero el niño le contestó "los dioses no pueden ayudarme, sé que moriré esta noche". Y así fue. Sadako quedó preocupada pensando que podría pasarle lo mismo a ella.

Sadako siguió haciendo grullas con el papel que difícilmente podía conseguir de las etiquetas de las medicamentos y otros que encontrase o recibiese. No quería la curación sólo para ella, sino para todas las víctimas del mundo. Puso toda su fe y energía en este bello gesto en favor de la paz.

Estatua en memoria de Sadako Sasaki, que aparece en lo alto sosteniendo una grulla con sus brazos.

Falleció en octubre de 1955. La historia popular acerca de Sadako dice que llegó a hacer 644 grullas, aunque en la página web del Museo Memorial de la Paz indica que superó las 1000 y, aun así, siguió haciendo más. Se contruyó una estatua en memoria de la niña y de todo lo que representa. A sus pies, rezan las palabras: "Éste es nuestro grito, ésta es nuestra plegaria: paz en el mundo".

Su triste historia se ha convertido en un icono mundial de la paz, con la grulla como estandarte. Miles de grullas de papel de todos los colores rodean la estatua de Sadako en Hiroshima y llegan de todas las partes del mundo como homenaje y manifestación del deseo compartido de la paz.

Estatua en memoria de Sadako Sasaki, que aparece en lo alto sosteniendo una grulla con sus brazos.

Conocer más a fondo su historia, así como todos los detalles que aporta el museo (incluso hay una carta de Sadako) me conmovió mucho. Más allá de lo fatídico y terrorífico que resulta, muestra una fuerza y una entereza que son toda una lección de cómo afrontar la adversidad, de cómo empuñar la esperanza y la ilusión. Es por este motivo que decidí componer una canción sobre ella, que titulé "Sadako´s Wings Of Hope".

Detalle de la estatua en memoria de Sadako Sasaki.

Detalle de la estatua en memoria de Sadako Sasaki: una grulla dorada - campana.

Detalle de la parte trasera de la estatua en memoria de Sadako Sasaki.

Alrededor de la estatua, miles de grullas forman diferentes motivos. Aquí el kanji de paz, heiwa, hecho con grullas.

Como veis, la parte del parque y el museo es bastante densa, para el que desee explorarla a fondo. Tras ello, seguimos caminando un poco por las inmediaciones del río Oota.

Vista del río Oota y el Genbaku Domu.

Vista del río Oota y algunos sakura.

Vista del río Oota y el Genbaku Domu.

No muy lejos de allí, nos encontramos con una impresionante y nada habitual estatua de lo que parece ser un ángel oriental rodeada de flores y grullas de papel.

Plano general de la estatua del ángel oriental.

Detalle de la estatua.

Detalle de la estatua, las grullas y las flores.

Detalle de la estatua, las grullas y las flores.

Detalle de flor.
Delante de la estatua, además de las flores y las grullas, tenemos un pequeño aparato que, al pulsar el botón, nos cuenta la historia en el idioma seleccionado. Ingentes cantidades de grullas de papel están colgadas a los lados de la estatua.

Detalle de la grullas y las flores.

Detalle de la estatua y las grullas.

Detalle de la estatua y las grullas.

Detalle de las grullas, un regalo del instituto australiano de chicas Strathfield. "Por aquellos que murieron y aquellos que lloraron".

Detalle de las grullas.

Detalle de las grullas y la tablillas con inscripciones al lado de la estatua.

Tras pasar un rato en la zona admirando las belleza del monumento y la cantidad de grullas, damos otro pequeño paseo, deteniéndonos nuevamente cerca de Genbaku Domu para observar el edificio desde cerca y con calma. Es impresionante.

Fuente de Hiroshima.

Genbaku Domu, la Cúpula de la Bomba Atómica.

Es un poco tarde (mucho más de lo previsto) y hay que comer. Nos adentramos por unas calles un poco más pobladas de comercios y rápidamente encontramos uno de esos restaurantes japoneses donde tenemos que comprar los tickets de la comida deseada en la máquina de la entrada y luego llevarlos a la barra para que nos pongan lo que hemos pedido. En éste, además, hay mesas, así que nos sentamos en una.

El arroz en Japón es tremendamente barato. En un lugar así, tienes un bol de arroz por 60 ¥ (algo más de 50 céntimos). Así que pedí un plato de ternera (que estaba un poco picante), un bol de arroz, agua y una botella de té verde para llevármela. Al poco rato de entregar los tickets, uno de los empleados se acercó con el del bol de arroz intentando explicarme que no hacía falta que pidiera arroz ya que la ternera ya lo llevaba como guarnición (supongo que es como pedir pan adicional cuando ya te lo van a poner de por sí). No conseguí hacerle comprender que lo sabía y que quería más arroz con la finalidad de usarlo como excusa para bañarlo con salsa de soja, así que me devolvió los 60 ¥ y trajo el resto de cosas.

Comimos bastante bien por poco dinero. Cuando nos fuimos, la botella de té sin abrir se quedó en la mesa. Nos dimos cuenta de esto al día siguiente en el shinkansen. Dada la extrema cortesía de las japoneses, bromeábamos, siempre desde el respeto y la admiración, con que había provocado que ahora el empleado tuviera que recorrer medio país buscándonos para entregarme la botella.

Nada más salir del establecimiento, nos encontramos con esto.

Taito Station en Hiroshima.

La tentación es grande. Rápidamente hacemos un cálculo del tiempo y la ruta pendiente y decidimos que llevar a cabo lo planeado difícilmente puede encajar con estar a las 19.00 h en el hotel para ir a cenar, así que nos disponemos a entrar. Los recreativos tienen 5 plantas tematizadas. Hay prácticamente de todo: aventuras, lucha, conducción, disparo, máquinas de ganchos para obtener premios... Éstas últimas eran verdaderamente curiosas porque mostraban una gran variedad de mecánicas diferentes, no sólo el clásico gancho, sino retos y juego más parecidos a los de las barracas de feria. Entre los premios hay de todo, desde almohadas con motivos de Evangelion hasta figuras. Muchas de estas máquinas son temáticas, sobre una serie en particular.

Pasamos un buen rato ahí. Pronto habrá que volver al hotel y ya no da tiempo a ver el castillo de Hiroshima, pero intentaremos llegar a Shukkei-en, el jardín encogido, antes de que cierre a las 18.00 h.

En el camino hacia él nos asalta la duda en una bifurcación, por lo que nos detenemos un momento a preguntar a un grupo de chicas que se señalan mutuamente, de manera cortés, eso sí, para intentar esquivar la tarea de afrontar responder en inglés. Eso sí, no se mueven del sitio hasta que les parece que nos han ayudado lo suficiente. Esto incluye discusiones internas entre ellas en japonés y división de opiniones acerca del camino que debíamos tomar para seguir la ruta óptima. Fue un momento divertido.

Casi todos los lugares (templos, jardines, museos...) permiten la entrada hasta media hora antes de la hora de cierre. Nosotros llegamos alrededor de las 17.38 h, por lo que el vigilante de la entrada nos hace una cruz con los brazos indicando que ya no podemos visitar este bonito jardín por hoy. Quedará pendiente para otro viaje, junto con Miyajima.

Paseando por Hiroshima.

Paseando por Hiroshima.

Paseando por Hiroshima.

Paseando por Hiroshima. Genbaku Domu.

Paseando por Hiroshima.

Paseando por Hiroshima. Genbaku Domu.

Paseando por Hiroshima.

Paseando por Hiroshima.

Paseando por Hiroshima.

Paseando por Hiroshima.

Paseando por Hiroshima.

Paseando por Hiroshima.

Paseando por Hiroshima.

Paseando por Hiroshima.

Paseando por Hiroshima nos encontramos esta peculiar iglesia.

Paseando por Hiroshima nos encontramos esta peculiar iglesia.

Paseando por Hiroshima.

Paseando por Hiroshima.

Paseando por Hiroshima.

Paseando por Hiroshima.

Regresamos al hotel para encontrarnos con Akiko e ir a cenar. Aparece allí con la niña. Su marido todavía no ha llegado porque parece que hay atasco y tardará un poco. No obstante, el tiempo se hace de lo más ameno y fascinante sentado en el sofá de un ryokan japonés con una niña de 7 años enfrente que te enseña a hacer grullas de papel. La imposibilidad de comunicación verbal lo hace, si cabe, todavía más emotivo.

Todavía conservo las grullas que hicimos, ya que me regaló la suya.

Grullas creadas en Hiroshima.

Grullas creadas en Hiroshima.

Cuando llega el hermano de Megumi, la comunicación mejora enteros. No es que él sepa hablar muy bien inglés, pero entiende muchas cosas y puede expresar algunas. Además, viene también una amiga suya que domina el idioma algo mejor.

Montamos en el coche y nos dirigimos al restaurante donde me dispongo a descubrir una delicia de la que nunca he oído hablar: el okonomiyaki. Consiste en una base de masa muy finita a la que se agregan fideos (soba o udon, a elegir) y otros ingredientes, además de queso y la maravillosa salsa okonomiyaki (no dudo en agenciarme un bote para traérmelo, que allí mismo los venden, por unos 500 ¥). El sabor es exquisito y fascinante, y rápidamente me convierto en un adorador de esta maravilla culinaria. Si pasáis por Hiroshima, no perdáis la oportunidad de probar tan suculento manjar. Eso sí, días después lo probamos en Tokyo y no estaba ni de lejos tan bueno. Por algo el okonomiyaki es típico de Hiroshima.

Okonomiyaki de udon con doble de queso recién empezado. Sopa de miso al fondo.

Okonomiyaki de udon con doble de queso devorado por completo. ¡Qué rico!

Al finalizar la cena, nos quedamos un rato hablando. La niña me regala una flor hecha de papel con todo el cuidado, mientras su padre me dice que está preocupada por si se rompe o se estropea por el camino. También la tengo por ahí todavía. En un rato no vamos de nuevo al hotel y nos despedimos de ellos cuando nos dejan allí. Por lo que parece, en este tipo de situaciones los japoneses pueden quedarse despidiéndose de ti durante todo el tiempo que haga falta hasta que desaparezcas de su vista, en lo que interpreto como un gesto de cortesía.

Ya en el hotel, el dueño nos deja amablemente el cable antes mencionado para la conexión a internet y, de esta manera, puedo ver el capítulo de Lost correspondiente a esta semana, "The Package", el décimo de la sexta temporada, antes de caer plenamente en el sueño reparador que nos llevará hasta el día siguiente.

Un día muy intenso y estremecedor. Una ciudad tranquila, acogedora y plena de deseos de paz después de haber sufrido el horror. Volveré, seguro; al menos, si depende de mí. Miyajima, Shukkei-en, el castillo de Hiroshima, el okonomiyaki...

Al día siguiente, toca volver a Tokyo. Es una viaje muy largo, de unas 4 horas y media, cambiando de shinkansen en Shin-Osaka, por lo que toca descansar bien. Una vez allí, visitaremos los barrios de Akihabara y Roppongi, por lo que el día se presenta muy interesante.

またね!

28 de julio de 2011

Comments (2)

On 28 de julio de 2011, 16:10 , Ucronía dijo...

Verdaderamente sobrecogedor. Pararse a reflexionar sobre la barbarie reciente en el mismo lugar del desastre, y encontrar en medio del recuerdo de la desolación cristalizadas la fuerza y la esperanza en la memoria de una niña inocente llena de fe... Un día intenso, de los que duran en el alma más de 24 horas.

Que sigas aprovechando intensamente las experiencias de cada viaje, haciéndolo único e irrepetible...

 
On 29 de julio de 2011, 10:34 , Anónimo dijo...

Felicidades por el blog. Muy interesante y bien redactado. Se agradecen tantas fotos y la buena calidad de la cámara. Necesito leer el siguiente día.. Akihabara!