Llegamos a uno de los días más intensos del viaje. El 31 de marzo amanecemos en Kyoto. Es nuestro segundo y último (en este viaje) día aquí. Nos espera un día largo en el que visitaremos muchos templos, así que nos levantamos muy temprano para aprovechar el día, recordemos que los templos cierran muy temprano, entre las 17.00 h y las 18.00 h la mayoría.

Siguiendo con la tremenda amabilidad japonesa y, en especial, el tremendo cuidado con el que nos trataron en el hotel de Kyoto, adelantaron la hora del desayuno sólo para nosotros, de manera que pudiéramos cumplir nuestra planificación. A eso de las 6.30 h subimos a la quinta planta, donde tiene lugar el desayuno. Nada más salir del ascensor nos reciben las sirvientas, ya que por el atuendo y la actitud ésta es una palabra mucho más adecuada que "camarera" para este caso. Entramos al enorme tatami, descalzos, y nos sentamos en el suelo ante la variedad de suculentos manjares que nos aguardan en la mesa.

Un rincón de la sala de desayunos, no se aprecia pero era bastante grande, con unas 12 mesas aproximadamente. También era bastante luminosa, aunque la foto esté oscura.

Sopa de miso, arroz, algas nori, té... el desayuno es muy variado y abundante. Nos vendrá muy bien la energía para afrontar el largo camino.

Tras tomar el desayuno, nos disponemos a bajar a la habitación para coger lo necesario para el día y dirigirnos a la estación. Antes de llegar al ascensor, aparece la extremadamente simpática chica que nos recibió el día de antes y me pregunta qué tal el desayuno. Tenemos una breve conversación en la que me cuenta que ha estado en España y que le encantó porque somos muy amables y siempre estamos sonriendo, además me dice que es la hija del dueño del hotel y que siempre está ahí. Hablamos un poco, me pregunta si habíamos visto Sanjusangendo (está cerca del hotel y es precioso) y le digo que será hoy cuando lo veamos. Todo el rato con una sonrisa muy acogedora en los labios. Cuando nos separamos ese día, quedamos en que nos despediríamos al día siguiente antes de irnos de Kyoto, pero ya no la volví a ver. Tras el trato tan fantástico no me quedé tranquilo y cuando volví a casa en España le envié un e-mail al hotel preguntando por ella y agradeciéndole todo, y me contestó personalmente diciéndome que se acordaba de mí porque había sido el único huésped que le había preguntado si había dormido bien. Me dijo su nombre y se despidió con toda la formalidad de esperar poder acogerme en el hotel de nuevo algún día.

Así que, después de hablar con ella, salimos hacia la estación de Kyoto para ir hasta Inari, que está a 5 minutos en tren. Cogemos la línea JR de Nara y llegamos sin problemas. Pronto estaremos en el grandioso santuario de Fushimi Inari. Apenas son las 8.00 h.

Enorme torii nada más salir de la estación de Inari.

De camino hacia Fushimi Inari nos encontramos con varias estatuas de kitsune, los zorros mensajeros de la deidad sintoísta y budista Inari, con diferentes objetos en la boca, así como gente haciendo preparativos para algún tipo de evento, afinando instrumentos musicales, etc. Preguntamos para ver si es interesante pero no hay nada hasta varios días después, con lo cual seguimos adelante.

De camino a Fushimi Inari.

De camino a Fushimi Inari.

Estatua de kitsune de camino a Fushimi Inari.

De camino a Fushimi Inari.

De camino a Fushimi Inari.

Estatua de kitsune de camino a Fushimi Inari.

En unos 15 minutos llegamos a una zona con un puente donde empieza a aumentar la vegetación circundante, indicando que el santuario está ya muy cerca. Como se puede apreciar en las fotos, el sitio es muy bonito e inspirador.

Puente de camino a Fushimi Inari.

De camino a Fushimi Inari.

De camino a Fushimi Inari.

Fushimi Inari es un santuario sintoísta dedicado a la deidad Inari, protectora de las cosechas y asociada en general con el éxito y la fertilidad. El camino ascendente está marcado por infinidad de torii rojos donados por familias como ofrenda a Inari. Es uno de los lugares más bellos y sobrecogedores de Japón. Como curiosidad, apareció en la película "Memorias de una Geisha".

Torii rojos del santuario Fushimi Inari.

Torii rojos del santuario Fushimi Inari vistos por detrás, con las inscripciones.

Torii rojos del santuario Fushimi Inari.

Torii rojos del santuario Fushimi Inari vistos por detrás, con las inscripciones.

Detalle del lateral con el agua cayendo entre el monumental silencio imperante.

Es impresionante que pueda existir un lugar así. En mi opinión, una visita obligada para cualquiera que pase por Kyoto y uno de los lugares que más me gustó de Japón. La entrada es gratuita y el lugar no cierra, está abierto día y noche.

Subimos todo el camino (que a veces se bifurcaba) hasta arriba. Tardamos más de una hora ya que fuimos disfrutando de todo lo que había por el camino: bosques alrededor, canales con agua, un silencio tremendamente bello, pequeños altares con torii colgados, alguna fuente, recovecos... Y, entre todo eso, un aire muy limpio. A bastante altura llegamos a encontrar incluso algún anciano japonés que amablemente nos da los buenos días; hay que estar en muy buena forma para subir hasta ahí con esa edad, bravo por ellos.

Un pequeño estanque en Fushimi Inari.

Detalle de una fuente en Fushimi Inari.

Camino de torii rojos en Fushimi Inari, vistos por detrás.

Camino de torii rojos en Fushimi Inari. Como se puede apreciar, en ocasiones el suelo es liso y en ocasiones hay escaleras.

Bosque alrededor de Fushimi Inari.

Torii rojos en Fushimi Inari, vistos desde el lateral.

Detalle de la placa de uno de los torii.

La cuidad de Kyoto vista desde lo alto de Fushimi Inari.

Fuente para purificarse en uno de los altares que hay subiendo el camino de torii.

Altar en mitad del camino de torii.

Fuente para purificarse en uno de los altares que hay subiendo el camino de torii.

Canal escondido en un recoveco.

Cada cierto tiempo encontramos máquinas de refrescos y agua, que vienen muy bien para recuperarse un momento y seguir adelante. Al llegar arriba, encontramos una tienda más de las varias que hay por el camino, y decido hacerme con un torii de recuerdo, por 1200 ¥. Además, te lo personalizan en el momento, escribiendo tu nombre y nacionalidad, la fecha y los deseos que quieras elegir: amor, esperanza, salud, paz, éxito... El hombre de la tienda, muy amable, nos ofreció asiento en sus sofás y nos sirvió un delicioso té mientras escribía a mano los caracteres.

En lo más alto de Fushimi Inari, el amable tendero personaliza el torii que me llevé de recuerdo.

Mapa de Fushimi Inari colgado en la tienda donde adquirí el torii.

Tras el pequeño descanso y el té, nos disponemos a bajar de nuevo. Esta vez lo haremos por otro camino, lo cual nos llevará a descubrir algunos lugares peculiares y solitarios. A mitad de la bajada empiezan a desaparecer los torii dejándonos en mitad del bosque, con la certeza de habernos perdido un poquito (y qué mejor sitio que éste para perderse), aunque sin dudarlo seguimos adelante. Es importante perderse en un viaje así, siempre y cuando no ocasione males mayores, ya que te ayuda a descubrir cosas que no son las habituales y a vivir una experiencia bonita.

Muchos pequeños torii ofrendados por la gente.

Puerta secreta en un recoveco bastante escondido. ¿Qué ocultará detrás?

Detrás de la puerta se oculta un pequeño altar realmente precioso y de cuento, cubo aparte.

Por los caminos del bosque, bajando Fushimi Inari.

Por los caminos del bosque, bajando Fushimi Inari.

Al llegar abajo, aparecemos en un pueblo al lado de Inari, yo diría que en Tobakaido, un lugar bastante tranquilo por el que paseamos un poco mientras regresábamos a Inari para coger el tren de vuelta a Kyoto.

Una de las primeras calles que vimos tras bajar de Fushimi Inari.

Un coche con un Totoro colgado en su interior.

Sakura en un chalet. Habíamos muchos chalets por esta zona.

Un templo por el que pasamos, aunque no llegamos a entrar.

Estamos un buen rato caminando, quizás 20 minutos, hasta llegar a la estación de Inari. Eso sí, todo en línea recta, por calles pequeñas con aceras muy estrechas, a veces casi inexistentes. Por el camino llegamos a una zona con tiendas y echamos un vistazo. En concreto hay una tienda exclusiva de palillos japoneses. Sólo venden palillos. Hay de todo tipo, tamaño y diseño, algunos incluso llegan a valer unos 30.000 ¥ (sí, sólo una pareja de palillos), aunque no recuerdo bien si hay más caros. Me compro unos muy bonitos que creo que cuestan en torno a 1800 ¥. Son bastante caros, pero realmente preciosos, y como los colecciono no puedo dejar pasar la ocasión.

Una vez en la estación, tenemos que esperar muy poquito a que llegue el tren que nos llevará de vuelta a Kyoto para seguir con nuestra ruta. La siguiente visita es el grandioso Sanjusangendo, que está aproximadamente a 20 minutos andando desde la estación de Kyoto.

Sakura en la estación de Inari.

Estación de Inari.

Llegada del tren a la estación de Inari, en dirección a Kyoto.

Nada más salir de la estación de Kyoto nos encontramos nuevamente con la Torre de Kyoto, y aprovechamos para hacerle algunas fotos. La torre tiene 131 metros de altura (se puede subir hasta el observatorio que está a 100 metros) y es una torre de observación. Fue terminada de construir en 1964. Nosotros no subimos a la torre en esta ocasión, quizás en otro viaje.

Torre de Kyoto.

Cruce cercano a la estación de Kyoto, de camino a Sanjusangendo. El edificio del centro, gris oscuro y con las ventanas rojas, es nuestro hotel.

Pequeño altar.

Cruzando el río de camino a Sanjusangendo.

Cruzando el río de camino a Sanjusangendo.

En el camino al templo, además de cruzar el río, nos encontramos con una atractiva y pequeña tienda de ordenadores donde entramos a echar un vistazo. Tienen cosas que parecen bastante interesantes y prácticas, aunque esperaremos a visitar Akihabara el viernes para ver qué nos ofrecen por allí.

Sanjusangendo, "edificio de treinta y tres espacios", también conocido como el templo de los 1001 budas, es un templo budista dedicado a la deidad
Sahasrabhuja-arya-avalokiteśvara, más comúnmente conocida como
Kannon, la deidad de la compasión. Fue fundado en 1164 y reconstruido en 1266, muchas de las estatuas se perdieron en el incendio de 1249 y tuvieron que ser repuestas, pero otras sobrevivieron. El edificio principal es el edificio de madera más largo de Japón y en él se encuentra la estatua de la imponente Kannon sobre una flor de loto (la cual, dicho sea de paso, es tesoro nacional de Japón). A cada lado se encuentran en total 1000 estatuas
de madera con varios brazos cada una, simbolizando la infinita compasión de Kannon. Delante se encuentran las 28 estatuas de los guardianes y, uno a cada lado, se encuentran Raijin, el dios del trueno, y Fujin, el dios del viento. En enero hay un campeonato de tiro con arco detrás del templo, que consiste en un ejercicio ritual para mostrar a los jóvenes participantes que una vida adulta requiere paciencia y autocontrol.

Aunque es una verdadera lástima, no está permitido hacer fotografías dentro del templo, cosa que respeté totalmente. Es uno de los templos que más me impactó y visita obligada sin ninguna duda. La entrada cuesta 600

¥ y el templo está abierto de 9.00 h a 16.30 h. El interior es increíble, con las estatuas de los 1000 budas colocadas en hileras, detrás de los guardianes y a los lados de Kannon. Aunque no pudiese hacer fotos del interior, los jardines del templo son una maravilla también.


Nada más entrar a Sanjusangendo.

Plantas decorativas en el patio de Sanjusangendo.

Jardines de Sanjusangendo con sakura.

Jardines de Sanjusangendo con sakura.

Jardines de Sanjusangendo, muy contrastantes con los anteriores, con un pequeño estanque.

Jardines de Sanjusangendo.

Detalle de los jardines de Sanjusangendo.

Flores.

Jardines de Sanjusangendo con un pequeño estanque.

Flores
.

Flores.

Jardines de Sanjusangendo con un pequeño estanque.

Tras ver todo el templo, las diferentes estancias, la sala principal... nos damos cuenta de que, aunque es cómodo, cansa mucho más andar descalzo que con calzado. A la salida del templo tenemos una tienda de artículos relacionados donde me llevo un emblema de Kannon y dos bonitos colgantes, de Raijin (dios del trueno) y Fujin (dios del viento), de color dorado y plateado respectivamente.

Fuente purificadora en los jardines de Sanjusangendo.

Jardines de Sanjusangendo.

Uno de los edificios de Sanjusangendo.

Torii y pequeño altar en Sanjusangendo.

Tras salir de la tienda, todavía dentro del templo, nos encontramos con una sala de paso en la que hay estufas para los pies. Nos parece una idea estupenda y nos quedamos un ratito al calor en una de ellas, donde casualmente coincidimos con otros españoles e intercambiamos impresiones brevemente.

Jardines de Sanjusangendo con un pequeño estanque.

Jardines de Sanjusangendo con un pequeño estanque.

Todavía impactados por el grandioso templo, nos dirigimos a nuestro próximo destino, Kiyomizu dera, el templo del agua pura, que fue candidato finalista a convertirse en una de las nuevas 7 maravillas del mundo. Por el camino, nos encontramos con algún templo de paso y con algún bonito parque, puentes, estanques...

Entrada al templo Chishaku-in en la zona de Higashiyama Shichijo.

Sakura.

Puente de camino a Kiyomizu dera, todavía bastante lejos.

Puente y estanque de camino a Kiyomizu dera, todavía bastante lejos.

Estanque de camino a Kiyomizu dera, todavía bastante lejos.

Kiyomizu dera resulta estar un poco más lejos y apartado de lo que esperamos. Preguntando por el camino tengo ocasión de que una japonesa saque su móvil y, en cuestión de segundos, active el GPS y me enseñe el mapa con el camino exacto a seguir. Unos 10 minutos, dice que faltan para llegar.

Ya muy cerca del templo, subimos la ruta de las calles Ninnenzaka y Sannenzaka donde, antes de llegar a la pagoda, nos encontramos repentinamente con una geisha (o una maiko, no sabría distinguirla con precisión sólo por el físico), ni más ni menos (acompañada, por supuesto, o, más bien, acompañando).

Una geisha en Kyoto.

Una geisha en Kyoto.

Una geisha en Kyoto.

Con un poco de suerte, en Kyoto te puedes encontrar con alguna geisha por la calle. No es que sea tremendamente frecuente, si bien nosotros tuvimos la suerte de cruzarnos con 3 de ellas en total, todas en esta misma zona. Anotar que el acompañante en cuestión nos vio hacerle fotos, pero lo tomó con bastante normalidad (supongo que es frecuente que ocurra) y nos regaló una mirada cordial casi como "dándonos permiso".

Al terminar la calle, nos encontramos con la imponente pagoda de 5 pisos.

Pagoda de 5 pisos.

Vista
(desde abajo)
de la calle mientras subimos a Kiyomizu dera.

Vista (desde arriba) de la calle mientras subimos a Kiyomizu dera.

Vista
(desde arriba)
de la calle mientras subimos a Kiyomizu dera. Entre la multitud se puede apreciar a una geisha, así como a varias personas mirándola con curiosidad y asombro.

Kiyomizu dera es un templo budista fundado en el año 798. La entrada cuestra 300 ¥ y el templo abre de 6.00 h a 18.00 h. Es un lugar encantador y muy amplio, formado por varios edificios y rodeado por una impresionante y abundante naturaleza. Una visita muy recomendable. Mucha gente aprovecha para hacer fotos artísticas en este lugar, para dar un tranquilo paseo, pedir a los dioses o simplemente acariciar las "piedras del amor".

Entrada a Kiyomizu dera.

Entrada a Kiyomizu dera.

Preciosa vista con abundancia de sakura, desde un mirador de Kiyomizu dera.

Subiendo al templo podemos ver como es habitual encontrar gente, tanto hombres como mujeres, vistiendo yukata para la ocasión con total normalidad.

Detalle subiendo a Kiyomizu dera.

La pagoda de Kiyomizu dera.

El paseo hacia la entrada, que es el edificio oscuro del centro al fondo.

Un curioso árbol justo enfrente de la entrada al templo.

Justo al lado de la entrada, una fuente para purificarnos.

Vista desde Kiyomizu dera.

Vista desde Kiyomizu dera
.
Dentro del templo.

Vista de algunos de los edificios que componen el complejo.

Dentro del templo.

Uno de los edificios principales está sostenido por pilares de madera de 13 metros de altura. Se cree que si alguien salta por la muralla (aunque ahora está prohibido hacerlo) y consigue sobrevivir, le será concedido un deseo. En uno de los edificios también hay dos "piedras del amor" separadas por una distancia de 18 metros. Se cree que si alguien consigue llegar de una a la otra con los ojos cerrados significa que encontrará el amor.

Dentro también nos podemos purificar. Aquí se ve parte de la cola.

Una de las piedras del amor.

Detalle de una de las tiendas dentro del templo.

Detalle de uno de los edificios.

Bajando hacia otra parte del complejo.

Las enormes columnas de madera que sostienen uno de los edificios principales.

Mucha gente aprovecha para ponerse su mejor yukata y hacerse fotos artísticas.

Detalle saliendo del templo.

La enorme muralla vista desde abajo.

Un pequeño y bello estanque a la salida del templo.

Detalle de una estatua a la salida del templo.

Gran sakura a la salida del templo.

Tras marcharnos de Kiyomizu dera nos dirigimos hacia el famoso barrio de Gion. Gion está en pleno corazón de Kyoto y es famoso, entre otras cosas, por sus ochaya (casas de té), en las cuales se pueden contratar los servicios de una auténtica persona (者) del arte (芸), más conocidas como geisha (y que, dicho sea de paso, no eran prostitutas, sino personas dedicadas a entretener, muy formadas artística y culturalmente), aunque el acceso a sus servicios es bastante complicado para un extranjero, al igual que bastante caro. Es otro lugar en el que es posible encontrarse alguna maiko o geisha de las pocas que quedan en Japón, aunque nosotros no nos encontramos ninguna aquí.

Gion sigue siendo un lugar bastante tradicional. Nosotros vamos a aprovechar para comer aquí, aunque es un poco tarde para la hora de la comida, encontramos un sitio bastante interesante en el que nos sirven muy bien y a buen precio. La comida está muy buena, aunque me paso un poco con el picante, y nos ponen té constantemente, gratis, cada vez que ven la taza vacía.

Vistas al barrio de Gion desde el restaurante.

Vistas al barrio de Gion desde el restaurante.

Un lugar tremendamente interesante para visitar es el Gion corner, donde se llevan a cabo actuaciones realmente impresionantes. Es bastante caro, aun así, si no fuera porque hoy ya ha pasado la hora de la actuación y mañana nos vamos a Hiroshima, sin duda entraríamos a presenciar alguna representación en tan impresionante lugar. Una de las cosas pendientes para el próximo viaje.

Terminamos de comer y nos disponemos a seguir nuestro itinerario. Nos quedan por visitar Ginkaku-ji, el templo plateado, y Heian jingu, el santuario Heian. El primero cierra a las 17.00 h y el segundo a las 18.00 h, así que no nos queda otra que coger un taxi si queremos poder ver ambos con la dedicación y tranquilidad que se merecen.

Primero vamos a Ginkaku-ji, que cierra antes, aunque por el camino pasamos por el torii rojo enorme que hay en mitad de la carretera, justo enfrente de Heian jingu.



Ginkaku-ji, el templo del pabellón de plata, es un templo budista construido en 1474 que toma su nombre siguiendo la línea de su casi centenario antecesor Kinkaku-ji, el templo del pabellón dorado. Alrededor hay jardines cubiertos de musgo y otros que podréis apreciar en las fotos. La entrada cuesta 500 ¥ y el templo está abierto de 9.00 h a 17.00 h.

Impresionante entrada a Ginkaku-ji.

Torii en la entrada de Ginkaku-ji
.

Estanque y jardín de Ginkaku-ji.

Estanque y jardín de Ginkaku-ji con el bosque al fondo.

Jardín de arena de Ginkaku-ji.

Jardín de arena de Ginkaku-ji.

Detalle en uno de los altares de Ginkaku-ji.

El interior es muy apacible y los jardines muy tranquilos y bellos, se puede dar un buen paseo alrededor del templo con mucha calma, disfrutando plenamente del lugar. El templo no es tan deslumbrante como el radiante Kinkaku-ji, pero tiene su encanto particular y es un sitio muy bonito para visitar.

Estanque en Ginkaku-ji.

Estanque en Ginkaku-ji.

Estanque en Ginkaku-ji.

Estanque con Ginkaku-ji al fondo.

Estanque en Ginkaku-ji.

Estanque en Ginkaku-ji.

Estanque en Ginkaku-ji.

Estanque en Ginkaku-ji con algunos edificios adyacentes al templo.

Estanque en Ginkaku-ji.

Estanque y jardín en Ginkaku-ji.

Detalle de flor.

Bosque alrededor de Ginkaku-ji.

Bosque alrededor de Ginkaku-ji.

Escalera recorriendo el interior del jardín de Ginkaku-ji.

Cuando nos acercamos al templo para hacernos fotos con él, se acercan unos alemanes para pedirnos que les hagamos una juntos. Después de hacerles la foto y agradecérnoslo, nos preguntan que de dónde somos. Al decirles que de España, hacen algún comentario futbolístico diciendo que somos buenos y ellos también
y se despiden afable y cordialmente.

Ginkaku-ji visto desde arriba con Kyoto al fondo.

Ginkaku-ji visto desde arriba con Kyoto al fondo.

Ginkaku-ji y los edificios adyacentes vistos desde arriba con Kyoto al fondo.

Ginkaku-ji, el jardín de arena y los edificios adyacentes vistos desde arriba con Kyoto al fondo.

Jardines de Ginkaku-ji.

Jardines de Ginkaku-ji.

Ginkaku-ji y su estanque.

Ginkaku-ji visto desde atrás.

Ginkaku-ji.

Detalle en maqueta de la construcción del tejado del templo, a la salida.

Salimos del templo y nos dirigimos a Heian jingu, que será el último templo que visitaremos por hoy. De camino nos cruzamos con tetsugaku no michi, el paseo del filósofo, que visitaremos después del templo. Además, antes de abandonar la zona de tiendas contigua a Ginkaku-ji, me detengo en una de las tiendas atraído por unas bonitas flautas japonesas, de las que no puedo evitar hacerme con una. No recuerdo el precio, pero no es cara.

Tetsugaku no michi, el paseo del filófoso, repleto de sakura, casi al lado de Ginkaku-ji.

Heian jingu es un santuario sintoísta construido en 1895. Tiene un patio enorme, desde el que se pueden apreciar los diferentes edificios que lo conforman, aunque lo realmente impactante de este santuario son sus jardines. La entrada al templo es gratuita, y abre de 8.30 h a 18.00 h. Sin embargo, la entrada a los jardines cuesta 600 ¥. Una visita tremendamente recomendada. Es difícil expresar la fantástica inversión que suponen esos 600 ¥. Sin duda, unos de los jardines más bellos de todos los que tuvimos ocasión de contemplar en Japón.

Entrada al santuario sintoísta Heian Jingu.

Mapa del santuario. Podemos ver como los jardines y estanques rodean completamente el complejo.

Patio de Heian Jingu.

Edificio principal de Heian Jingu.

Edificio de Heian Jingu. Se aprecia una de las dos fuentes del patio.

Puerta de entrada al santuario vista desde dentro.

Edificio de Heian Jingu.

Edificio de Heian Jingu.

La otra fuente del patio.

El patio, como he dicho, es inmenso, y en él encontramos, muy cerca de la entrada, algunas tiendas así como dos fuentes para purificarnos. Unas escaleras nos llevan hasta el edificio principal, que sólo podemos ver desde fuera (y no se puede hacer fotos) ya que la entrada está reservada a momentos y ocasiones realmente especiales, y a personas determinadas.

Escaleras para acceder al edificio principal.

Edificio de Heian Jingu.

Edificio de Heian Jingu y sakura.

Se puede apreciar la amplitud del patio con la puerta de entrada al fondo, aunque en vivo es mucho más sobrecogedor.

Detalle de la barandilla.

Detalle de la barandilla.

Si bien lo realmente sobrecogedor de este lugar son sus jardines y estanques, que rodean el enorme complejo y están plagados de encanto, desbordando magia y serenidad por todas partes. Creíamos que llegaríamos tarde, pero todavía podemos entrar y tenemos tiempo suficiente para disfrutarlos con calma.

Los jardines y estanques se dividen, de manera general, en 5 espacios, todos ellos impresionantes y realmente hermosos. Visitar este lugar es un lujo y te hace sentir realmente afortunado de poder ser parte de algo tan fantástico. Una vez más, repito lo que dije en la entrada anterior refiriéndome al castillo de Nijo, tener esto en tu ciudad y poder ir ahí cualquier día supone un privilegio increíble, casi una bendición para sentirse feliz y en paz.

En la primera parte nos encontramos un jardín poblado de diferentes árboles creando un fantasioso juego de colores con un pequeño estanque en el centro. En las fotos se aprecian los puentes, un pequeño quiosco y más detalles repartidos por todo el jardín.

Primera parte de los jardines de Heian jingu.

Primera parte de los jardines de Heian jingu.

Primera parte de los jardines de Heian jingu.

Primera parte de los jardines de Heian jingu.

Primera parte de los jardines de Heian jingu.

Detalle de flores de los jardines de Heian jingu.

Detalle de flores de los jardines de Heian jingu.

Primera parte de los jardines de Heian jingu.

Primera parte de los jardines de Heian jingu.

Detalle de los jardines de Heian jingu.

Detalle de flores de los jardines de Heian jingu.

Detalle de flores de los jardines de Heian jingu.

Detalle de flores de los jardines de Heian jingu.

Primera parte de los jardines de Heian jingu.

Detalle del estanque de la primera parte de los jardines de Heian jingu.

Detalle del estanque de la primera parte de los jardines de Heian jingu.

En la segunda parte de los jardines nos encontramos una preciosa estampa, con un lago en el centro, algún cerezo, nenúfares en el agua y una frondosa vegetación a todo alrededor.

Segunda parte de los jardines de Heian jingu.

Segunda parte de los jardines de Heian jingu.

Segunda parte de los jardines de Heian jingu.

Segunda parte de los jardines de Heian jingu.

Sakura en la segunda parte de los jardines de Heian jingu.

Detalle de sakura en los jardines de Heian jingu.

Uno podría pasar días y días respirando la más profunda paz en este lugar, simplemente sintiendo la magnificencia y grandiosidad de la naturaleza.

Segunda parte de los jardines de Heian jingu.

Antes de pasar a la siguiente parte de los jardines, encontramos cómo el agua se esconde un poco mientras unas piedras colocadas oportunamente nos incitan a cruzar. No obstante, al otro lado hay un claro cartel que nos dice lo contrario, por precaución.


La siguiente zona supone un paso siguiendo el flujo del agua entre abundante vegetación, incluso se nota sensiblemente que llega mucha menos luz a causa de la frondosidad circundante.

Tercera parte de los jardines de Heian jingu.

La cuarta parte de los jardines está formada por un lago con carpas, en el que se aprecia alguna pequeña construcción y una serie de piedras en el agua a modo de puente que nos permitirán cruzar a través de ellas sin titubear.

Cuarta parte de los jardines de Heian jingu.

Cuarta parte de los jardines de Heian jingu.

Cuarta parte de los jardines de Heian jingu.

Cuarta parte de los jardines de Heian jingu.

Carpa en el lago de los jardines de Heian jingu.

Cuarta parte de los jardines de Heian jingu.

Cuarta parte de los jardines de Heian jingu.

Patos en el lago de los jardines de Heian jingu.

Cuarta parte de los jardines de Heian jingu.

Llegamos a la última parte de los jardines, con un inmenso lago desde el cual preside la fabulosa edificación que hace de puente. La vista es realmente sobrecogedora.

Quinta parte de los jardines de Heian jingu.

Todo está igualmente rodeado de abundante naturaleza, bellamente integrado en ella, formando maravillosos reflejos en el agua con delicadeza y muchísimo encanto. Un auténtico placer para los sentidos y para el alma.

Quinta parte de los jardines de Heian jingu.

Quinta parte de los jardines de Heian jingu.

Quinta parte de los jardines de Heian jingu.

Quinta parte de los jardines de Heian jingu.

Quinta parte de los jardines de Heian jingu.

Quinta parte de los jardines de Heian jingu.

Quinta parte de los jardines de Heian jingu.

Finalmente salimos de los jardines, pero desde luego no igual que entramos. Ésta es una experiencia difícil de olvidar y ahora tengo un poco más de paz en mi interior. No me esperaba en absoluto tanta belleza y me he quedado realmente sorprendido con lo que he podido ver y disfrutar en Heian jingu. Lo recomiendo a todo el mundo, y pienso volver la próxima vez que visite Kyoto.

Ya fuera de Heian jingu.

El torii rojo gigante visto desde Heian jingu.

Finalmente, para terminar el día, vamos a hacer una breve visita a tetsugaku no michi, el paseo del filósofo. Estamos bastante cansados, pero hay que hacer un esfuerzo. Curiosamente ocurrió que, para confirmar la dirección en que yo creía que estaba el paseo del filósofo, me dio por preguntar a un chico que pasaba por allí, que resultó ser chino y no tener ni idea. Así que andamos un poco y encontramos el paseo, que no está muy lejos de Heian jingu.

Tetsugaku no michi, el paseo del filósofo.

Tetsugaku no michi, el paseo del filósofo.

El paseo del filósofo se extiende unos 2 kilómetros a ambos lados de un canal con abundancia de sakura en toda su longitud. Era tarde y no pudimos disfrutar del paseo en todo su esplendor ya que casi todas las tiendas habían cerrado y no estaban allí. Aun así, fue suficiente para ver lo bonito que es el lugar. Por el día el lugar se llena de puestos de la más diversa índole en uno de los lados, mientras que en el otro encontramos varios templos.

Tetsugaku no michi, el paseo del filósofo.

Tetsugaku no michi, el paseo del filósofo.

Antes de irnos del lugar encontramos una tienda de pantalones abierta. Era una tienda especial, de pantalones pintados a mano con diversos motivos: una grulla en una de las piernas, o una geisha... El mismo tendero llevaba unos puestos. Si bien eran preciosos, el precio era lo más impactante: 450.000

¥ y, según nos dijo, era la mitad de lo que valdrían en Tokyo.


En Japón es muy habitual encontrarnos máquinas de refrescos por la calle, lo cual resulta muy práctico en gran cantidad de ocasiones. Además el precio, lejos de ser abusivo, es bastante justo por lo general. Es fácil encontrar en ellas agua, coca-cola, fanta (de naranja, uva, blanca...) y otro tipo de refrescos.


Maquinas de bebidas en tetsugaku no michi.

Tetsugaku no michi, el paseo del filósofo.

Tetsugaku no michi, el paseo del filósofo.

Tetsugaku no michi, el paseo del filósofo.

Nos vamos del paseo del filósofo de vuelta al hotel, para descansar al fin del largo día. Antes de ir al hotel pasamos por las tiendas de la estación para comprar algo de cenar. En mi caso, un obento de sushi y unos onigiri con algas nori y salmón. Al llegar a la habitación, por supuesto, tenemos también té esperándonos, y todo preparado para ponernos los yukata e irnos a dormir.

Al día siguiente tenemos que madrugar bastante para coger el shinkansen hacia Hiroshima, en lo que será un viaje de casi dos horas. Ésta es nuestra última noche en Kyoto y la experiencia ha sido de lejos mucho mejor de lo esperado. Confío en poder regresar a esta ciudad con más tiempo y disfrutarla más en profundidad.

8 de julio de 2010