Me encanta el sushi. Con relativa frecuencia lo hacemos en casa, con diversas formas y combinaciones. Esta entrada recoge algunos de los platos de sushi temáticos que hemos realizado hasta la fecha. Si pulsáis sobre las imágenes podréis verlas a mayor tamaño.

The Legend of Zelda: Triforce of Sushi

En referencia a la legendaria saga de Nintendo, cada una de las piezas de la Trifuerza es un niguiri con el símbolo de la diosa correspondiente sobre él: arriba la trifuerza del poder, con el símbolo de Din, a la derecha la trifuerza del valor, con el símbolo de Farore, y a la izquierda la trifuerza de la sabiduría, con el símbolo de Nayru.

Ésta fue la "tarta" de cumpleaños de Mai en su vigésimo octavo cumpleaños.

The Legend of Zelda: la Trifuerza de Sushi

The Lord of the Rings: Gandalf's Rune

En este caso la referencia es a la obra de Tolkien "El Señor de los Anillos". Se encuentra en la runa que descansa sobre el niguiri central en representación la inicial de Gandalf.

La ocasión no fue otra que un maratón en el que vimos las tres películas seguidas en sus versiones extendidas.

Un niguiri para dominarlos a todos...

Sushi de Halloween

Con motivo de la noche de Halloween decidimos elaborar un buen plato de sushi temático, cuyo terrorífico aspecto final podéis comprobar a continuación.

Sushi terrorífico en Halloween.

Sushi de Navidad

Navidad también se llevó su parte, en forma de árbol con una estrella en lo alto. Utilizamos 4 platos de arroz que dieron lugar a 16 rollos de maki. Tras cortarlos y con sumo cuidado y esmero, construimos el árbol que se aprecia en la imagen, y todavía quedaron algunos para hacer otro en miniatura.

Árbol de Navidad de sushi.

Sushi de Totoro

En este caso improvisamos un Totoro de sushi, con la boca abierta y paraguas incluido, para celebrar el cumpleaños de una amiga a la que le gustan mucho Hayao Miyazaki y Studio Ghibli.

To-to-ro, To-to-ro... Ni-gui-ri, ni-gui-ri... 

Sushi de Super Mario Bros

Éste es el único de todos los que aparecen en esta entrada que no fue hecho en España, sino en Inglaterra. El famoso champiñón de la emblemática saga de Nintendo, realizado sin más motivo que una cena en casa de una amiga.

Sushi de champiñón de Mario. Ahora sin champiñones.

Espero que hayáis disfrutado de la entrada. ¿Cuál de los platos de sushi os ha gustado más?

Gion, también conocido como el distrito de las geishas, en uno de los barrios más famosos de Kyoto. Está situado entre el río Kamo y el santuario Yasaka, y es una visita especialmente hermosa para cualquiera que disfrute del Japón más típico y tradicional. Sus calles son antiguas y evocadoras, íntimas y llenas de encanto, y es fácil que nos sintamos transportados en el tiempo.

Pagoda Yasaka.

Recorriéndolas encontramos una gran cantidad de casas de té, tiendas y restaurantes, así como otros establecimientos orientados al ocio y al entretenimiento. Entre éstos cabe mencionar especialmente Minami-za, el teatro kabuki más antiguo de Japón, fundado en 1610, y Gion Corner, que ofrece siete tipos distintos de artes interpretativas, destacando la danza kyo-mai a cargo de las maiko y eventos especiales en determinadas épocas del año, como Miyako Odori, las “Danzas de la Antigua Capital”, en ocasiones traducido como las “Danzas de la Flor del Cerezo”.

Miyako Odori en Gion Corner.

Otro lugar especialmente bello es el área de Shirakawa, junto al canal. Es una zona donde se puede disfrutar de una calma especial, con hileras de sauces, casas de té con vistas al canal y las tradicionales calles estrechas preservadas que caracterizan Gion.

Durante todo el mes de julio tiene lugar el Gion Matsuri (Festival Gion), uno de los más famosos de Japón. Su origen lo encontramos como parte de un ritual de purificación para apaciguar a los dioses y evitar así incendios, inundaciones y terremotos. Durante el festival, los puestos de comida y artesanía visten el entorno, músicos tradicionales y otros artistas se encuentran por doquier y, durante los días más intensos, se corta el tráfico de algunas calles de la ciudad. Aunque incluye muchos eventos, el festival alcanza su punto álgido el día 17 con la gran procesión de las carrozas Yamaboko, 32 en total, algunas de ellas con cientos de años de antigüedad, decoradas con exquisitos tapices importados de todas partes del mundo. En 2009, este procesión fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

No lejos de Gion, al otro lado del río, encontramos Pontocho. La zona es popular principalmente por su vida nocturna, con muchos karaokes, restaurantes y clubs. Pasear por sus estrechas calles y embriagarnos de su particular atmósfera es una experiencia muy interesante, especialmente si recorremos la senda junto al canal, adornada por flores de cerezo en primavera. Las opciones culinarias son diversas y abundantes, y van desde ofertas asequibles hasta locales a los que sólo se puede acceder teniendo los contactos adecuados. Si nos encontramos por la zona, un lugar muy recomendable en el que comer o cenar es el restaurante Issian Pontocho.

Pontocho.

El mundo de las geishas

Si nos adentramos en Gion, e incluso si paseamos por las inmediaciones, no es difícil que nos encontramos con alguna geiko (denominación de Kyoto para las geishas). A día de hoy siguen existiendo cientos de geishas en Kyoto, y Gion es el lugar de mayor actividad de las mismas. Sus kimonos, de seda, están hechos a mano y diseñados específicamente para ellas. Vestirse con ellos, maquillarse y peinarse les puede llevar en torno a dos horas.

Geiko en Gion.

Los servicios de las geishas son caros y exclusivos. Su labor es la de entretener a los clientes y hacer que disfruten a través de la conversación y de la interpretación musical y la danza, entre otros. En general, es muy difícil, si es que posible, tener acceso a estos servicios sin que un cliente habitual nos presente.

Gion.

Es importante destacar que las geishas no son prostitutas. Si bien es cierto que, según algunas fuentes indican, durante un tiempo la ceremonia conocida como “mizuage” incluía que las aspirantes a geisha perdieran su virginidad en ella -lo cual se prohibió en 1959-, esto no era visto como un acto de prostitución, sino como una celebración del paso a su siguiente etapa de entrenamiento.

El verdadero significado de la palabra “geisha” es “artista” o “persona de las artes”, de 芸 (gei), que significa “arte”, y 者 (sha), que significa “persona” o “persona que hace”. En su origen, de hecho, el rol de geisha era exclusivo de los hombres. Fue a finales del siglo XVIII, alrededor de 50 años después de la aparición de la primera geisha femenina, cuando el número de mujeres geisha superó enormemente al de hombres, hasta obligarles a adoptar un nuevo rol: el de ayudantes. Según Lesley Downer en su libro “Geisha: La Historia Secreta de un Mundo que Desaparece”, en el año 1800 el número de geishas era de 143 mujeres y 45 hombres, mientras que sólo 30 años antes, en 1770, era de 16 y 31, respectivamente.

(Este artículo fue publicado por primera vez en la revista Omnia de Mensa España, en el número 204, correspondiente a diciembre de 2013).










Hoy mismo, 5 de diciembre de 2013, la UNESCO ha declarado la comida tradicional japonesa (washoku) Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Esto incluye no sólo la comida en sí misma, sino también todo el conjunto de conocimientos y prácticas de preparación, elaboración y consumo que la envuelven, así como su valor y sentido social y cultural.

Aquí una fotografías ilustrativas, tomadas durante mi segundo viaje a Japón en primavera de 2012.

Un interesante plato de sushi en un kaiten sushi en Shinjuku.

Desayuno tradicional en Ueno.

Shabu-shabu en el restaurante Ninja Akasaka.

Okonomiyaki en Hiroshima.

Carne de Kobe en Odaiba.

Tras mucho tiempo preparándolo, hoy he lanzado la campaña de crowdfunding para la financiación del disco en conmemoración de los 400 años de relaciones entre España y Japón.

Se trata de un disco que mezcla música tradicional japonesa y metal sinfónico, y que tiene como protagonista a Don Quijote de la Mancha, que despierta un día en Japón y se dispone a descubrir el lugar acompañado por Kitsune, un zorro semi-divino de nueve colas.

Hoy he recibido un sobre -doblado malamente en el buzón...- del Centro de Estudios de Asia Oriental con mi certificado del nivel N5 del Noken.

Certificado de competencia en el idioma japonés.

La verdad es que no han tardado tanto como esperaba. Me viene de maravilla tenerlo ya.

Los que también hicisteis el examen, ¿habéis recibido ya los vuestros? ¿Vais este año a por el siguiente nivel?

また後で!
Llegamos a uno de los días más intensos del viaje, seguramente el de mayor actividad. Para empezar, nos levantamos a las 4.30 h con el objetivo de salir del hotel alrededor de las 5.00 h. Hemos dormido menos de 5 horas, pero afrontamos el día con energía y decisión.

Visitaremos el sobrecogedor santuario Fushimi Inari, pasearemos por el parque de Nara y sobreviviremos a una tormenta descomunal en Kyoto antes de visitar a Kannon en Sanjusangendo y degustar una cena muy especial en compañía única.

Entrada del Matsubaya Ryokan, en Kyoto. La placa plateada lo reconoce como ganador de 2012 en Trip Advisor por elección de los viajeros.

Salimos del ryokan a las 5 de la mañana con destino en la estación, cuyo tren nos llevará hasta Inari. El trayecto dura unos 5 minutos en la línea local JR de Nara. El motivo de salir tan temprano es aprovechar las horas en que no hay casi nada abierto para visitar lugares que nunca cierran, como es el caso.

La torre de Kyoto. Todavía es de noche.

Los siempre simpáticos carteles en los trenes de Japón.

Inari, Kyoto.

Llegamos a Inari en torno a las 5.30 h, cuando está terminando de amanecer, dispuestos a emprender nuestra aventura y plenos de energía. Decidimos, no obstante, aprovechar una de las máquinas expendedoras de la desierta estación para obtener un Kit Kat, que será todo lo que comamos hasta nuestra llegada a Nara.

El próximo tren hacia Nara pasa en unos minutos.

Máquinas expendedoras de bebidas y snacks en la estación de Inari.

Kit Kat normal. No había sabores exóticos en esas máquinas. Con él subimos Fushimi Inari, como si se tratase de barritas energéticas de manzana "Power Sauce".

Fushimi Inari es una visita obligada si uno va a Kyoto, incluso si uno va a Japón. La cercanía con la antigua capital lo hace muy accesible y su carácter único es sobrecogedor. Es a mi parecer, junto a Kinkakuji y Sanjusangendo, una de las 3 visitas imprescindibles de Kyoto.

Puesto que el santuario se encuentra integrado en el bosque circundante no tiene horarios ni hay que pagar entrada. Es muy fácil llegar desde la estación, y apenas tardaremos un minuto en estar ahí. Frente a la estación, un enorme torii nos no recibe, dando paso al espacio sagrado. Todo está lleno de estatuas de kitsune, los zorros mensajeros de la deidad sintoísta y budista Inari, con diferentes objetos en la boca.

De camino a Fushimi Inari.

De camino a Fushimi Inari.

De camino a Fushimi Inari.

De camino a Fushimi Inari.

De camino a Fushimi Inari.

Miles de grullas de papel llenan el lateral de una de las secciones del santuario. La imagen es hermosa y conmovedora, con la intensidad añadida de que el santuario está desierto.

Grullas de papel en Fushimi Inari.

Grullas de papel en Fushimi Inari.

Fushimi Inari.

Fushimi Inari.

Fushimi Inari.

Este santuario sintoísta, dedicado a Inari, está compuesto por miles de torii donados por familias japonesas como ofrenda a la deidad que recorren las sendas ascendentes.

Pasear por este lugar, incluso simplemente estar en él, es una experiencia inolvidable, especialmente si se tiene la ocasión de hacerlo cuando no hay turistas. Ésta es otra de las ventajas de hacer una visita tan temprano, y permite empaparse plenamente de la inmensa paz y la maravilla que impregnan este lugar. El silencio es casi curativo.

Una bifurcación en Fushimi Inari.

Una bifurcación en Fushimi Inari.

Un cartel nos indica el precio de los torii.

Mapa global del santuario.

Paseando por Fushimi Inari.

Paseando por Fushimi Inari.

Paseando por Fushimi Inari.

Aproximadamente a mitad de la subida encontramos un cartel que nos advierte de un peligro salvaje con instrucciones claras.

Un cartel nos advierte del peligro de los monos salvajes.

¡Cuidado con los monos salvajes!
Por favor
· No haga fotografías.
· No alimente a los monos.
· No establezca contacto visual.
· No les enseñe comida.
Si se acercan, coja piedras y finja que se las tira.

En nuestra visita encontramos varios gatos disfrutando de la tranquilidad del lugar, pero ningún mono.

Paseando por Fushimi Inari.

Paseando por Fushimi Inari. Vista posterior de los torii.

No es raro encontrar símbolos que nos recuerden a elementos de algún anime o videojuego japonés. ¿Os suena el símbolo de la izquierda de la siguiente foto? Por un lado, el círculo/ojo/lunas concéntricas recuerda al símbolo de la diosa Farore de la saga The Legend Of Zelda. También, añadiendo las "llamas" que tiene encima recuerda al símbolo de los Sheikah de la misma saga.

Paseando por Fushimi Inari.

Paseando por Fushimi Inari.

Las dos imágenes que hay a continuación corresponden a un puente que transmite una "energía" especial y muy intensa. Al encontrarme ante este lugar, la sensación de santuario, de lugar sagrado y de humildad ante su grandeza son sobrecogedoras. Algunos de los kanji de las linternas están escritos en rojo.

Paseando por Fushimi Inari.

Paseando por Fushimi Inari.

Adyacentes a las sendas de torii hay altares repletos de ofrendas y hermosos rincones escondidos donde el agua cae melodiosa.

Paseando por Fushimi Inari.

Después de este recorrido nos disponemos a regresar para coger el tren hacia Nara. El optar por un camino diferente y desconocido nos llevará a dejar atrás los torii, pasar al lado de un bosque de bambú y alejarnos considerablemente de la estación de Inari, entre otras cosas. Sin embargo, es totalmente recomendable perderse levemente y éste es uno de los lugares ideales para hacerlo.

Paseando por Fushimi Inari.

Así pues, paseamos un buen rato por el bosque sin saber muy bien dónde acabaremos, pero disfrutando del entorno y de la aventura. Finalmente, llegamos a una zona habitada con casas bajas y casi nadie por la calle (recordemos que sigue siendo muy temprano, alrededor de las 7.30 h), hasta que le preguntamos a una amable ancianita que pasa por allí cómo llegar a la estación de Inari. Con cara de sorpresa y gesticulando con el brazo nos dice que tenemos que ir "todo recto, recto, recto, recto, recto...", lo cual indica que debe haber un buen trecho hasta allí.

Siguiendo sus indicaciones, encontramos un mapa por el camino y con su guía llegamos a la estación de Tofukuji, que está una parada antes que la de Inari. Hemos acabado en la parada anterior, pero no pasa nada porque es la misma línea, que nos llevará hasta Nara.

¿Sumo-kung-fu con hacha de carnicero? Ningún problema. Dentro de la estación hay un ornitorrinco escupiendo fuego. Esto es Japón.

Estación de Tofukuji.

Cuando llegamos a la estación todavía no son las 8 de la mañana. Hemos estado aproximadamente dos horas paseando por Fushimi Inari, siendo la mayor parte de este tiempo cuesta arriba, y llegamos a la estación unos minutos antes de que pase el tren, haciendo la espera casi inexistente y coincidiendo perfectamente con la planificación.

Esperando el tren hacia Nara en la estación de Tofukuji.

El tren de la línea JR hacia Nara.

Asiento prioritario para ancianos, mujeres embarazadas, madres con niños o personas lesionadas.

Descripción del asiento prioritario para ancianos, mujeres embarazadas, madres con niños o personas lesionadas.

Los asientos son suficientemente cómodos y se agradece mucho el calor que se desprende de ellos. El viaje dura una hora, por lo que nos da tiempo a descansar un poco y reponer fuerzas, ante el hambre creciente, antes de disfrutar de Nara.

Bienvenidos a Nara.

Cuando llegamos a Nara nos encontramos con un día gris y lluvioso. Esto nos va acompañar todo el tiempo que pasamos en esta hermosa ciudad: 4 horas. Todavía no son las 9 de la mañana.

Saliendo de la estación de Nara.

Tras una visita rápida al cercano centro de información, que apenas acaba de abrir, cruzamos la explanada y la carretera para cumplir el primer y más urgente objetivo: desayunar. Por muy poco dinero tenemos un desayuno completo, delicioso y más que suficiente para reponer fuerzas. Arroz, sopa de miso, pescado, té...

Desayunando en Nara.

Desayunando en Nara.

De hecho, una sopa de miso, que en España suele costar entre 3 y 6 euros, aquí vale 100 yenes, un euro o menos según el cambio del momento.

Con el hambre satisfecha, entramos al supermercado adyacente para hacernos con un paraguas que nos proteja de las inclemencias del clima. Un típico paraguas transparente japonés, que vivirá grandes aventuras.

Pasaje de camino al parque de Nara.

De camino al parque de Nara.

Entrando al parque de Nara.

El parque de Nara es un lugar muy agradable. Famoso por sus ciervos, contiene algunas construcciones imponentes que disfrutaremos con ilusión, si bien de haber tenido más tiempo no habríamos dudado en incluir en la visita los dos jardines Isuien y Yoshikien.

Nuestra primera visita es el templo budista Kofukuji, que supone un conjunto de edificios cercanos entre sí, pero no contiguos.

Pagoda de tres pisos de Kofukuji en el parque de Nara.

Nanen-do de Kofukuji.

Nanen-do.

Pagoda de cinco pisos de Kofukuji. Es la segunda más alta de Japón, con 50.1 metros, por detrás de la Toji de Kyoto, de 57 metros de altura.

Mientras caminamos hacia la sala de los tesoros, un cartel nos explica la creencia japonesa de los muñecos Daruma. Simbolizan optimismo, persistencia y fuerte determinación. No tienen ojos pintados y se dice que cuando los tengan una imagen de Buda cobrará vida. Están esperando a alguien que pida un deseo. Cuando se pide el deseo, se pinta el ojo derecho y, cuando éste se cumple, se pinta el ojo izquierdo.


Cartel explicando la creencia sobre los Daruma.

Algo antes de llegar a la mencionada sala nos encontramos con un nutrido grupo de ávidos ciervos alternando con los viandantes. Sus intenciones, que seguramente os podéis imaginar, con claras, no obstante, comprobaremos más adelante hasta qué extremo.

Más adelante descubriremos que los troncos de los árboles están envueltos en una malla metálica hasta aproximadamente la mitad de su altura. ¿Será para protegerlos de alguna manera de los ciervos?

Ciervos en el parque de Nara.

Ciervos en el parque de Nara.

Tokondo de Kofukuji.

Existe una entrada conjunta para visitar el tokondo y la sala del tesoro, así que optamos por ésta. La primera visita consiste en una habitación que almacena estatuas sin orden ni disposición particular, lo que las dota de un aura misteriosa y desconcertante poco habitual en este tipo de visitas.

La sala del tesoro consiste en una exposición más extensa y museística, en la que cabe destacar una enorme y sobrecogedora estatua de Kannon, así como una figura de Ashura, una de las ocho protectoras de Buda, que data del siglo VIII. Una cabeza de Yakushi Nyorai tallada en bronce presenta incluso mayor antigüedad. Aproximadamente a mitad de la visita encontramos las estatuas de monjes talladas en madera en el siglo XII con expresiones faciales impresionantes. Tesoros de valor incalculable que nos hacen sentir privilegiados y abrumados al contemplarlos.

A la salida, en la tienda, encontramos diversos objetos a la venta, incluyendo sorprendentemente artículos de un supuesto grupo de rock de la propia Ashura.

Tokondo y pagoda de cinco pisos de Kofukuji.

Alrededores de Kofukuji.

Terminamos la visita a ambos edificios absolutamente fascinados por las maravillas que albergan y nos encaminamos hacia Todaiji, pasando previamente por el Museo Nacional de Nara.

Ciervos en el parque de Nara.

Antes de cruzar la carretera que atraviesa el parque, un peculiar cartel nos avisa de que los ciervos del parque de Nara son animales salvajes y nos explica sus ataques especiales, para que tengamos cuidado. A saber: morder, dar patadas, topar y derribar.

Cartel advirtiendo del peligro de los ciervos.

Ciervo reflexivo en el parque de Nara.

Uno de los ciervos, sin embargo, ha aprendido una nueva habilidad: cruzar la carretera a su aire. Afortunadamente no provoca ningún accidente ni sufre ningún daño.

Ciervo soñando con romper las barreras y explorar lo que hay más allá.

Y ejecutándolo.

Con fortuna.

El Museo Nacional de Nara nos recibe, como todos los edificios visitados en este lluvioso día, con un lugar para depositar nuestro paraguas y recogerlo a la salida.

Es bueno tener en cuenta que, tanto en éste como en otros museos, el carnet de estudiante puede suponer un descuento en la entrada con sólo mostrarlo, aunque sea de otro país o continente.

El museo es interesante si bien la incursión resulta más breve de lo que nos gustaría, pues la visita principal de la mañana es el templo budista Todaiji y su buda gigante.

Museo Nacional de Nara.

Alrededores del Museo Nacional de Nara.

Ciervos junto al mapa del Museo Nacional de Nara, mirando con atención.

Ciervos tranquilos en el parque de Nara.

El paseo que lleva a Todaiji presenta tiendas en su lado izquierdo y hermosa naturaleza en el derecho. Los ciervos deambulan con libertad entre los visitantes y se asoman a las tiendas con alguna -aunque no mucha- timidez.

Tiendas en el lateral izquierdo del paseo hacia Todaiji.

Naturaleza en el lateral derecho del paseo hacia Todaiji.

Ternura cérvida.

La imagen anterior de sosiego y dulzura contrasta profundamente con la siguiente. Una mujer compra algo de comida para los animales y apenas puede abrirla cuando ya tiene a varios ejemplares dispuestos a no dejar ni rastro de tan suculento manjar.

Los ciervos se agolpan en torno a la fuente de sustento.

De la misma manera, cerca de Nandaimon, la enorme puerta que pone fin a la primera parte del paseo, presenciamos un asalto furtivo de uno de estos animales absolutamente dispuesto a devorar la bolsa de plástico que porta un hombre, haciendo honor al la primera imagen del cartel anterior de advertencia.

Al cruzar la gran puerta, el entorno se vuelve incluso más natural, dejando ver otra de tamaño similar al fondo, que da entrada al templo.

A la derecha del paseo, un torii se yergue en la orilla de una pequeña isla.

Tras cruzar la segunda puerta, comprar la entrada y recorrer un breve pasillo, Todaiji aparece ante nosotros en toda su magnitud; monumental, imponente.

Todaiji.

Este templo budista fue fundado en el siglo VIII, aunque el edificio actual data de diez siglos después, y contiene la estatua de bronce de Buda más grande del mundo, con una altura de casi 15 metros, conocida en japonés como Daibutsu (大仏).

Todaiji.

Todaiji.

Todaiji también ha sido testigo de eventos musicales, como el festival "The Great Music Experience" en 1994, apoyado por la UNESCO, o el concierto con orquesta de la soprano Sarah Brightman en 2010.

Antes de entrar encontramos un incensario en el que la gente se "purifica" con el humo. El interior permite  explorar el templo alrededor de la enorme estatua. Es un recorrido breve pero que bien merece la pena.

La estatua de bronce de Buda más grande del mundo.

Interior de Todaiji.

Interior de Todaiji.

Interior de Todaiji.

Interior de Todaiji.

Casi terminando el recorrido y ya dirigiéndonos a la salida, nos detenemos en una columna de madera con un hueco en su base. Parece ser que existe la creencia de que a los niños que la atraviesan les aporta inteligencia. Encontramos a algunos de ellos, divirtiéndose en el proceso.

Interior de Todaiji.

Interior de Todaiji.

Binzuru, a la salida de Todaiji, en madera. Siglo XVIII.

En Japón se cree que cuando una persona frota una parte de la imagen de Binzuru y después frota la parte correspondiente de su propio cuerpo, su enfermedad ahí desaparecerá.

Exterior de Todaiji.

También aquí existe una entrada conjunta que permite visitar el Museo Todaiji, abierto al público en 2011 y situado junto a la puerta Nandaimon. Quedará, en todo caso, para otra ocasión, pues ahora debemos regresar a la estación para volver a Kyoto. A las 16.50 h tenemos entradas para el festival de baile de primavera Miyako Odori, y antes de eso nos espera, majestuoso, Sanjusangendo.

De vuelta a la estación.

De vuelta a la estación.

Una vez junto a la estación de Nara, hacemos una breve incursión en el supermercado donde hemos adquirido el paraguas hace unas horas y nos agenciamos algunas provisiones que nos sirvan de comida durante el trayecto a Kyoto.

Mientras esperamos el tren, ya en el andén, algo más resguardados de la lluvia que el resto del día, una anciana japonesa llega a la zona en la que nos encontramos. Como todos los asientos están ocupados, me levanto para cederle el sitio, a lo responde mirándome con gran sorpresa y haciendo una marcada reverencia mientras exclama algo así como "san kyo" antes de sentarse. Mi primer pensamiento es que debe tratarse de algún tipo de agradecimiento tan extremadamente formal, arcaico o local que ni siquiera me suena, pero poco a poco se va imponiendo la evidencia de que se trata de un "thank you".

Lo cierto es que lo considero algo muy significativo y valoro mucho el hecho de que la señora haga el esfuerzo de utilizar el inglés, seguramente a años luz de su zona de confort, por pensar que para mí es más cómodo o cortés.

El viaje transcurre tranquilo, y nos sirve nuevamente para reposar e incluso dar alguna cabezada tras ingerir las nutritivas viandas con las que nos despedimos de Nara.

Recordemos que el día empezó despejado en Kyoto y Fushimi Inari, y que la lluvia, constante pero sosegada, nos ha acompañado casi toda la mañana en Nara. Un panorama muy diferente nos encontramos al regresar a Kyoto. Una tormenta con granizo, rayos y viento furioso azota el lugar. La magnitud es tal que la noticia da la vuelta al mundo, algunos trenes shinkansen quedan detenidos y una de las murallas del castillo de Himeji, a unos 130 kilómetros de Kyoto, sufre daños por el huracán, como nos comentarán dos días después durante nuestra visita al mismo.

La torre de Kyoto a nuestro regreso por la tarde.

Vista desde la salida de la estación. El agua y el granizo lo llenan todo.

Son en torno a las dos y cuarto. La tormenta es muy intensa y salir a la calle es un riesgo muy grande y una locura. Por otro lado, Sanjusangendo cierra a las 16.30 h y si no lo visitamos hoy según lo previsto será muy complicado encajarlo en la planificación de mañana. Así que nos armamos de valor, de determinación y de paraguas transparente y nos aventuramos a buscar un taxi que nos lleve hasta el templo. No está lejos, pero andando sería difícilmente viable. En el proceso de llegar hasta el taxi, el viento pone el paraguas del revés y desencaja alguna varilla, pero nos protege lo suficiente como para alcanzarlo y entrar. El único taxi en el que he encontrado a una mujer conduciendo. Muy amable, la señora nos ofrece una toalla al ver que estamos empapados, y eso que apenas han sido unos momentos y con paraguas.

En pocos minutos estamos ante la puerta del templo. Desde el lugar donde se ha detenido el taxi hasta la taquilla cubierta hay un pequeño tramo, de uno o dos metros, donde el cielo sigue descargando con furia y que, por supuesto, está empapado. Salgo del taxi y me desplazo rápidamente para cobijarme. Una vez junto a la taquilla y apoyado en la pared, me giro hacia el taxi para ver venir a Mai hacia mí prácticamente deslizándose sobre el suelo y sin mucho control. Apenas me da tiempo a preparar los brazos cuando llega hasta mí, la pared detrás sujetándonos, en una situación a todas luces más cómica que peligrosa. Un monje en la taquilla contigua se parte de risa mirándonos.

Así pues, nos descalzamos y entramos en el templo.

Exterior de Sanjusangendo.

Está prohibido hacer fotografías en el interior del templo, pero no puedo dejar de manifestar la maravillosa experiencia que supone su visita. 1000 estatuas de Kannon, la diosa de la misericordia, distribuidas en hileras, 500 a cada lado de la sobrecogedora Kannon central sentada sobre una flor de loto, mientras los dioses del viento (Fujin) y del trueno (Raijin) y los guardianes de la diosa la protegen desde el primer plano, con sus escalofriantes ojos de cristal y su idiosincrasia particular.

Reitero, como dije al principio, que en mi opinión es una de las 3 visitas principales y esenciales de Kyoto, junto con Kinkakuji y Fushimi Inari, y uno de los templos más especiales, únicos, magníficos y sobrecogedores de todo Japón. Imprescindible.

Exterior de Sanjusangendo.

Exterior de Sanjusangendo.

Exterior de Sanjusangendo.

Exterior de Sanjusangendo.


Los aseos del lugar sirven para ilustrar una vez más algunas de las claras diferencias con los nuestros.

¿Qué problema tiene la gente cuando usa un retrete público? No pasa nada, ponemos material para limpiar la tabla antes de sentarse.

Limpiador.

Por supuesto, tenemos la opción de limpiarnos con un chorrito de agua y controlar la presión del mismo, además de activar o desactivar el eliminador de olores.

Brazo de control del retrete.

En relación al tema de las cisternas, quizás algunos de nuestros sistemas pueda dar lugar a confusión a la hora de saber cuál de las opciones implica "aguas menores" y cuál "aguas mayores". ¿El botón más grande significa más cantidad de agua o, por contra, es más grande para que sea más fácil de pulsar al equivaler a las más habituales "aguas menores"? En Japón este problema no existe: una palanca con dos direcciones posibles ilustradas respectivamente con los kanji de "grande" y "pequeño". Sencillo y práctico.

Control de la cisterna.

Aunque en el interior no se pueden hacer fotografías, los jardines son una maravilla. Es una lástima que los cerezos no hayan florecido plenamente todavía, retraso causado por el clima más frío de lo esperado; no obstante, aprovechamos un momento de tregua de la tormenta para dar un breve paseo por ellos.

Jardín en Sanjusangendo.

Flor empapada en el jardín en Sanjusangendo.

Jardín en Sanjusangendo.

Exterior de Sanjusangendo.

A pesar de las inclemencias climáticas, hemos disfrutado mucho con la visita de este maravilloso lugar. A la salida, antes de recuperar nuestro calzado, damos un paseo por la tienda con posterior visita a las estufas de pies, que se agradecen enormemente.

Y, sin más demora, ponemos rumbo a Gion para asistir a la antes mencionada danza.

Teatro de Gion.

Recordemos que las entradas para el evento las compramos a través del ryokan. Ellos se encargaron de gestionarlo con el único coste extra de la llamada telefónica y el envío de las entradas del teatro al ryokan, donde las recogimos a nuestra llegada.

El teatro presenta una estética muy oriental, tanto en su exterior como en su distribución interna.

Teatro de Gion.

Teatro de Gion.

Miyako Odori es un festival con el que se da la bienvenida a la primavera cada año, y del que se puede disfrutar en el representativo barrio de Gion. Las maiko se colocan sus yukata especialmente confeccionados para la ocasión a lo largo del año y realizan una serie de danzas y representaciones dramáticas con acompañamiento musical, tanto instrumental como vocal.

Las funciones suelen ser en abril, durante todo el mes mes. El precio de las entradas varía desde los 2000 ¥ hasta los 4500 ¥ y hay 4 sesiones cada día, de unos 60 minutos de duración.

Teatro de Gion.

Interior del teatro de Gion.

Interior del teatro de Gion.

Aunque está prohibido grabar el sonido, un hombre a nuestro lado coloca tranquilamente su grabadora y hasta su micrófono y lo captura.

A pesar del cansancio acumulado a lo largo de todo el día, disfrutamos mucho del festival.

Festival Miyako Odori en el teatro de Gion.

Festival Miyako Odori en el teatro de Gion.

Cuando salimos son aproximadamente las 18.00 h, y nos dirigimos al ryokan para descansar un poco y asearnos tras todo el día antes de la cena. Hemos quedado a las 19.00 h.

Gion.

Gion.

Gion.

Gion.

Gion.

Ésta es la primera de las cuatro cenas que haremos con amigos japoneses durante nuestra estancia, todas ellas experiencias magníficas e inolvidables. Es este caso, se trata del representante de la compañía discográfica japonesa con la que salieron a la venta los dos discos de mi anterior grupo. Él fue quien me contactó y con quien me comuniqué durante todo el proceso, y hasta compartimos inquietudes y pareceres de manera cercana, con lo que al final desarrollamos unos lazos de amistad que espero duren siempre. Cuando supo que iría a Japón, me transmitió su emoción y buscamos la mejor fecha para vernos en persona. A pesar de la tormenta y el huracán, ha querido mantener la decisión de venir en coche hasta Kyoto para compartir la cena de hoy.

El encuentro y la cena resultan tremendamente agradables y enriquecedores. Nos brinda la ocasión de visitar un restaurante y acceder una comida menos habitual y conocida que no habríamos probado por nosotros mismos pero que está deliciosa. Por supuesto, haciendo gala de la hospitalidad japonesa, nos invita a la cena, además de entregarnos varios regalos en forma de alimentos del lugar. Nosotros hacemos lo propio, pues le hemos traído un buen queso manchego de Albacete, mazapán de Toledo y chupa chups gigantes. Finalmente, saca los discos, que ha traído consigo, y me pide que se los dedique, lo cual hago con gran ilusión y cariño.

La conversación toca temas musicales así como personales y de diversa índole. Cuando terminamos la cena, compartimos la sensación de brevedad, así que aprovechamos el momento y buscamos un lugar cercano donde tomar algo y extender el encuentro. A estas horas pocas cosas hay abiertas, así que entramos en un Starbucks frente a la estación. Entre otras cosas, le enseñamos la expresión "ea", que aprende y utiliza con suma precisión y fluidez.

Al terminar, antes de ir a descansar, lo acompañamos a su hotel, en la misma manzana, y nos despedimos efusiva y extensamente con el deseo de encontrarnos de nuevo.

Este intenso y maravilloso día supone una experiencia única y excepcional, un cúmulo de sensaciones y sentimientos preciosos que atesoro con especial cariño y alegría.